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Donde todavía huele a botica

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11.09.2026

Hubo un tiempo en que entrar a una botica era casi como asomarse a un pequeño laboratorio. Detrás del mostrador había frascos de vidrio, goteros, morteros, espátulas, básculas pequeñas y recipientes con nombres que para muchos resultaban indescifrables. El boticario no se limitaba a entregar una caja tomada de un anaquel: leía la fórmula, medía, trituraba, mezclaba y encapsulaba. En ocasiones también escuchaba los males del cuerpo y alguna que otra preocupación del alma. Las antiguas boticas de Ciudad Juárez formaron parte de la vida cotidiana de sus barrios y del movimiento del Centro. Hasta ellas llegaban las madres con la receta del niño, los trabajadores adoloridos después de una larga jornada y las abuelas que conocían de memoria el nombre de la pomada para las reumas, el linimento para los golpes o las gotas que nunca debían faltar en casa.

Había remedios contra el empacho, lociones para la piel, jarabes espesos, aceite alcanforado, vaselina, alcohol, mentol y aquellas perlas de éter que durante años ocuparon un lugar en los botiquines familiares. Entre esos establecimientos permanece la Farmacia y Droguería Río Grande, de Don Esteban Vázquez y Raquel Rodríguez. Instalada en la avenida 16 de Septiembre, junto al Mercado Juárez, ha visto pasar generaciones enteras, transformaciones urbanas, crisis económicas y nuevas maneras de entender la........

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