Las previsiones no cambian el futuro. Las decisiones sí
Dos mecánicos revisan un coche en un taller, una de las actividades con alta rotación de empleo. / EFE
Cada vez que un organismo nacional o internacional publica una previsión económica, se produce la misma reacción. Si los datos son positivos, algunos los presentan como un éxito asegurado. Si son negativos, otros los interpretan como un fracaso inevitable. Sin embargo, las previsiones no son ninguna de las dos cosas. Son escenarios construidos con la información disponible en un momento determinado. No son una sentencia. Pero tampoco pueden ignorarse cuando reflejan tendencias que ya están presentes en la realidad.
Hoy sabemos que Europa entra en una nueva etapa. Los fondos extraordinarios que han impulsado el crecimiento durante los últimos años llegan a su fin. La política fiscal volverá a ser más prudente. La incertidumbre geopolítica continúa. La competencia internacional se intensifica. Y las empresas deberán asumir un papel aún más importante como motor de la inversión. Ese diagnóstico no debería generar miedo. Debería generar responsabilidad.
Porque la verdadera cuestión no es si las previsiones se cumplirán exactamente. La verdadera cuestión es si estaremos preparados para actuar antes de que se cumplan.
La economía nunca ha sido una fotografía. Es una película en constante movimiento. Y quienes........
