Una receta para este conflicto
Estoy participando virtualmente en un curso sobre una “receta” para los conflictos. Lo digo figurativamente: “receta” remite a la palabra inglesa RECIPE, y aquí además alude al acrónimo de una iniciativa del centro de pensamiento CEPR orientada a reducir conflictos y mejorar el desempeño económico. Me quedó una idea sencilla y poderosa: los conflictos no sólo se opinan; se estudian para ver las mejores salidas posibles.
Parece obvio. Pero en Bolivia, cuando estalla una crisis, casi siempre repetimos el mismo reflejo: unos buscan culpables, otros justifican lo injustificable y algunos piden diálogo. Mientras tanto, el conflicto crece, escala y termina ordenando la vida cotidiana de todos: el trabajo, los precios, el transporte, los alimentos y la salud.
Estudiar un conflicto sirve, primero, para no confundirlo con un problema. Un problema puede tener una solución técnica: falta un puente, se calcula su costo y se construye. Un conflicto es distinto. Involucra actores que desconfían entre sí, intereses contrapuestos, emociones acumuladas, poder, miedos y demandas que........
