El lugar de nacimiento no puede definir la nación
Hay acontecimientos que no deben pasar inadvertidos, ya que revelan mucho más sobre un país que los grandes discursos. La reciente polémica por la designación de Zvonko Matkovic Ribera al frente de una empresa estatal con sede en Cochabamba es uno de esos casos. No porque el debate deba girar alrededor de una persona. Ni siquiera porque toda designación pública no deba estar sujeta al escrutinio ciudadano. Debe estarlo. La pregunta correcta nunca ha sido quién ocupa un cargo. La pregunta correcta es con qué criterio juzgamos si puede ocuparlo.
Si alguien carece de capacidad, experiencia o integridad, corresponde demostrarlo. Pero si el principal argumento para objetarlo es el departamento donde nació, entonces el problema ya no es un nombramiento. Es la idea misma de nación.
Porque una nación comienza a debilitarse cuando el lugar de nacimiento pesa más que la condición de ciudadano. Cuando el certificado de origen empieza a valer más que el mérito. Cuando la geografía pretende imponerse sobre la ciudadanía.
Durante décadas, Bolivia ha sufrido divisiones de toda naturaleza. Nos dividieron entre oriente y occidente.Entre campo y ciudad. Entre indígenas y no indígenas. Entre cambas y collas. Ahora parecería que comenzamos a levantar otra más: la frontera departamental. Como si el simple hecho de haber nacido en un lugar limitara el derecho de servir al país desde otro.
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