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Rodrigo Paz: construir consensos y bases sociales

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20.04.2026

“No tiene un proyecto político. Tampoco un programa de gobierno”. “No cuenta con bases sociales”. “Tiene los meses contados”. “No gobierna para el pueblo”. Cada día ciertos analistas, expertos y falsos profetas lanzan serias advertencias contra la gestión del presidente Rodrigo Paz, además dicen representar a todo un pueblo de más de 11 millones de habitantes, pero ese pueblo cada día trabaja, se esfuerza y lucha por seguir adelante, como lo ha demostrado a lo largo de sus 200 años de historia republicana y plurinacional.

Añoranzas del pasado, que para ellos fue lo mejor. Y aferrados a un discurso progresista que los hechos se encargaron de devaluar.

Las críticas son de alto calibre: la improvisación, los errores, las denuncias de corrupción, que gobierna solo para los empresarios, la ausencia de una estructura partidaria política y peor aún las bases sociales -o léase movimientos sociales- que están desorientadas y buscando dónde aferrarse.

Un riesgo y oportunidad es no tener una bancada parlamentaria única que acompañe la gestión gubernamental. Incluso ponen como ejemplo, la bancadas de Evo Morales y Luis Arce, que solo se movían bajo órdenes y maletines desde la Casa Grande del Pueblo. Eran diputados y senadores obedientes, sumisos y sin capacidad de disentir u opinar. ¡Una orden y listo!

Se pone a prueba a los 130 diputados y 36 senadores en un ambiente de pluralismo político y diversidad social frente al Estado: si apoyan al gobierno en sus leyes o están solo para obstaculizar y destruir. Ellos tienen la decisión.

La ascensión al poder de Rodrigo Paz fue sorpresiva. Las encuestas le daban el cuarto lugar; luego, en la segunda vuelta, el segundo lugar, lejos del primero. Los medios de comunicación no lo entrevistaban. Los poderes económicos no lo invitaban a sus foros y eventos especiales. No lo veían como presidenciable. Un muchacho de esos que se atrevieron a participar en las elecciones nacionales.

Llegó la segunda vuelta, ganó y hoy es el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia: Rodrigo Paz y Edmand Lara, hoy divorciados, separados, peleados, enojados, y el segundo, debilitado y viviendo en el Tik Tok.

Bolivia es un país en permanente movilización gracias al alto nivel de organización civil que se expresa en sus sectores sociales. Campesinos, indígenas, mineros, gremiales, transportistas, interculturales, empresarios, vecinos, cocaleros, prensa, trabajadores, campesinos, mototaxistas, etc., cuentan con sus organizaciones y se manejan de forma disciplinada. Este escenario de representación fue absorbido por los gobiernos del MAS: Evo Morales y Luis Arce, que lograron cooptar y adormecer a las dirigencias sectoriales, y a las que no pudo dominar, las dividió y confrontó.

Hubo una “sangría” al Estado boliviano. La sangría data de los siglos XVI y XVII: cuando alguien se enfermaba de gravedad, la panacea del momento era la operación que consistía en sacar sangre varias veces al enfermo y se daba por hecha su curación. La mayoría de las veces fallecía el sujeto. Es así que en cada época hemos tenido gobiernos y sectores que han practicado la sangría a las arcas del Estado y ahora se trata de aplicar un antídoto contra esa praxis, que es sinónimo de corrupción.

La “sangría” tuvo  rostros diversos: prebendas, cuotas de poder, sedes sindicales, viajes, bonos, etc. Así se mantuvieron estos sectores adormecidos durante más de veinte años, y ahora fueron golpeados por esta gestión gubernamental de Rodrigo Paz, que, en principio, les alertó que no iba a ceder a cuotas de poder ni cargos algunos. Pero ahí vemos a un minero de presidente de la Caja Nacional de Salud. Contradicciones que deben ir superándose.

Esta realidad dialéctica de la fuerza, presencia e influencia de las organizaciones sociales y sindicales siempre será parte protagónica, pero que el poder debe usar estrategias para no depender de ellas, ni ser chantajeado, porque precisamente el voto popular mayoritario le dio un mandato claro y preciso: gobernar para el pueblo en todos sus estamentos, porque este pueblo tiene la capacidad de reacción y de la disidencia. Una gestión decente.

Se trata de construir una sociedad crítica que impulse la renovación democrática y una revolución social que le dio la legitimidad del voto popular. Es una dimensión política fundamental mucho más que una elección. Este es uno de los retos del gobierno de Paz: construir consensos, bases sociales y fortalecer una sociedad democrática.

El sociólogo ruso Moisei Ostrogorski lo planteó de forma clara: “La verdadera liberación de las energías pasa por la marginación de todos los partidos políticos, la creación por el pueblo de nuevas formas de organizaciones políticas basadas en la democracia, en la participación de todos, la responsabilidad de cada uno respeto a las cuestiones comunes; en resumen, por el renacimiento de un pensamiento y una pasión verdaderamente políticos, que al mismo tiempo contemplarían con lucidez los resultados de la historia”.

Definitivamente, el poder no puede seguir dependiendo de los caprichos, enojos y demandas exorbitantes de cada sector social, a los que no se les debe atender bajo la presión “hasta las últimas consecuencias”; sino que éstos asuman sus deberes para con el país.  Bolivia somos 11.365.333 hombres y mujeres. NO es propiedad ni de los cocaleros de Chapare, ni de las Bartolina, ni de Evo Morales, ni de los interculturales y ramas anexas, que sin importarle la vida y el bienestar de la mayoría de los bolivianos, vienen amenazando con generar acciones contra el nuevo gobierno, contra la democracia, contra el país.

En la sociedad boliviana se articulan muchas formas de poder, con una gran cantidad de actores, representando diferentes expresiones de la voluntad popular, en cuya dialéctica el poder debe construir estrategias más adecuadas para la gobernabilidad.

(*) El autor es periodista

La actualidad y vigencia del filósofo del martillo

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