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Bolivia “dará una sorpresa” y crecerá en 2026

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05.02.2026

Dice el adagio que la esperanza es lo último que se pierde, y que la fe mueve montañas. Fe y esperanza, no son lo mismo. Mientras la esperanza es pasiva, la fe es acción. Espiritualmente, la fe fundamentada en Dios es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve -hay que creer, para ver- y qué mejor que tener a Dios de nuestra parte, ya que si Él decide bendecir a una persona o a un país, lo hará bajo dos requisitos: tener fe y ser obedientes a sus mandatos.

Ahora bien, dada la situación que vive Bolivia, con una crisis multidimensional no vista en 40 años, podría decirse que luego de mucho tiempo hay la esperanza de mejores días para el país, con la fe puesta en Dios, a quien repetidas veces se nombra, si bien las acciones de los políticos y autoridades no siempre condicen con lo que Él manda, aunque la actitud cuenta: el deseo de hacer bien las cosas, sobre todo con la economía, que es lo que más le importa a la gente.

El país está en un punto de su historia cuando no cabe más la ideología, sino, el pragmatismo. Ya no se trata de oponerse por las buenas o el chicote, si a los ponchos rojos, los interculturales, los campesinos, las bartolinas o los indígenas originarios les gusta o no el rumbo que el país debe tomar, sino, de evitar el colapso, primero, y sentar las bases para nuestro........

© El Deber