Necesidades domésticas
Necesidades domésticas
Anoche le dije a María que la necesitaba. No a viva voz, en un mensaje de texto. A viva voz, probablemente, se lo habré dicho otras muchas veces, pero nunca sobrio. María vive nada más salir de casa, a mano derecha. Y como salgo a cada rato de casa a estirar las piernas y ella sale a cada rato de su casa a otear el horizonte o a por otra brazada de leña, nuestros encuentros dan para pensar que lo de “a mano derecha” es un eufemismo y que solo las tazas de dos váteres nos apartan de la realidad de estar viviendo juntos, como buenos hermanos.
María es una de esas razones que nos inducen a retomar el camino. O expresado de otro modo: el cielo raso que viene a orillar la tristeza innata que provocan varias semanas de tormenta. Suena cursi, lo admito: cómo no hacerlo. Pero también me suena emparentado con una de esas verdades que preferimos enmudecer hasta que terminan siendo mentira; o a esos “te quiero” que nos callamos para no resultar eso, cursis. Como si el........
