El tiempo de los perros
El tiempo de los perros
Hay una rebeca de Eva sobre la mesilla auxiliar de mi lado del sofá. Ayer salió con prisa y ahí la dejó. Y varios montones de papeles sobre el mueble aparador, lo que iba a ser su distracción para estos próximos días y que, por la misma urgencia, ha terminado quedándose aquí. Hay, claro, cosas de ella en cualquier parte de la casa: ropa sucia en el cesto, ropa limpia en el armario, en los cajones; una taza en el fregadero, su toalla, su cepillo de dientes, su promesa de que solo serán unos días. Pero no queremos recordarla, queremos que vuelva.
En alguna parte he leído que los perros, si bien no saben interpretar un reloj, sí sienten el paso del tiempo. Y lo hacen, además, sirviéndose de una suerte de memoria asociativa. Por poner una muestra: desconocen que son las cinco, las seis o las siete de la tarde, ni la más remota idea sobre eso; pero a través de la inclinación del sol y de la luz que éste deja entrar por las ventanas perciben que........
