DIANA RENGIFO CIUDAD Y MEMORIA | Por: Alí Medina Machado
En Trujillo, ciudad colonial, en su centro urbano, en lo que llaman, no sé por qué “casco urbano”, hay una casa, vieja, vetusta, cansada de edad, de siglos. Yo la llamaría “casa de la palabra grande”, porque en ella se sustancia, se contiene mucho lenguaje histórico, local y regional, Es casa de ancestros y de acervos, un gran tesoro familiar de nombres y de hechos, una forja de historia y de leyenda. Tanto lenguaje en sus aposentos, tantos pasos en su zaguán de entrada, tantos tatuajes en sus paredes, tanta lumbre en su cocina, tanta herrumbre en sus techos entejados…Es la casa de los Briceño Perozo, de Don Magín y de doña Eustoquia, la casa de los doctores Ramón, Francisco y Mario…La casa de la primera maestra graduada de la ciudad, de la primera mujer concejal de la ciudad: Amparo Briceño Perozo; la casa de la “Negra” Reyes, la casa de Bertha y de “Pepito”, la casa del profesor Sergio, la casa de Dimitri, Wladimir y Emilia. La casa de Francesca, Mario y Barbarita, sus hijos… Hoy, la casa de Diana Rengifo y de Dimitri Briceño Reyes, su esposo. Gran historia la de esta casa, vieja, vetusta casona que aún se enhiesta contigua al callejón de Don Magín, enfrente de las Bustillos, cercana a la Esquina del Padre Miguel, cerca del Totilimundi y de las Romani.
Usted entra y lo primero que consigue es un viejo soneto sobre losa de mosaico y marco, que le da la bienvenida y le ofrece la casa… Qué cosa tan bella…. El soneto se titula “Frontispicio”, para querer decir que dentro hay la cara del amor, de la amistad, la convivencia, el servicio, y otras tantas cualidades y valores. Es una declaración visual de lo que integra este hogar, un ofrecimiento, un templo familiar. Allí, en ese poema se simboliza el amor, la fraternidad, la calidad humana. Sólo el primer cuarteto basta para esta afirmación. Dice: “Esta casa es tu casa, caro amigo / que llegas indeciso a los umbrales / sus puertas son dos alas fraternales / abiertas siempre en actitud de abrigo”.
Traigo limpio mi idioma para hablar de la doctora Diana Rengifo, para ofrendarle unas palabras que la identifican y la muestran como una mujer de empeño, luchadora y amable; exigente y cordial, como hay con ella que mezclar el idioma para abarcar su sentido de mujer culta y formada ampliamente, al mismo tiempo que verla risueña en un momento de su cotidianidad profesional, profesoral y hogareña, porque para todo ha alcanzado su faena, su larga faena existencial. Ella es una delicada voz social entre nosotros, voz profesional desde una profesión universitaria con la que ha formado generaciones de hombres y mujeres que han pasado tiempo y espacio con ella dentro de las aulas de la Universidad, donde ha enseñado siempre. Culta mujer en el conocimiento no sólo de la historia que es su profesión y en la que alcanzó su doctorado, sino de la moral con que ha vivido en todo ese ámbito extenso de su propio dinamismo que la ha hecho recorrer muchos caminos, para que sea propicia la confluencia que resulta ser su biografía que vino escribiendo con rasgos luminosos. Voz pulida, sin rebuscamientos, sino con sinceridad en todo, la doctora Diana es una expresión afectiva, una conjugación de valores interiores, una auténtica imagen de quien ha sabido formarse poniendo por delante su condición humana, su personalidad que, por ser clara y diáfana, no pierde nada y gana cuanto le consagra, como dice la sentencia del prócer en su arenga libertaria del ya lejano siglo.
Mujer de signos, porque ha estado siempre en las primeras filas de la acción sociocultural en todas las instancias de su presencia antes y después, en su tiempo total, intuitiva para las cosas que le son pertinentes, sus ideales, sus búsquedas y encuentros, para expresar los signos de su personalidad abierta como tiene que ser cuando se tiene sentido de la responsabilidad, y emotiva cuando se siente ese calor interior que generan los sentimientos y los pensamientos. Mujer de ideas vivas con una práctica útil y efectiva que le ha caracterizado, el mundo de conceptos obtenidos de su larga formación intelectual, en constante evolución y actualización por las lecturas profundas del pensamiento histórico y literario universal, y por las experiencias........
