Futuro imperfecto
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / NEIL HALL / EFE
Hablando en tiempos verbales exactos, había hasta ahora una verdad incontestable en la perífrasis de futuro: ‘Vamos a morir todos’. Sí, en algún momento, como destino inevitable pero sin atisbar entre la letra pequeña el fin de contrato. En cambio, el futuro se torna imperfecto —¡y tanto!— cuando cambiamos el verbo a un ‘moriremos todos’. Así, juntos, como destino inevitable, pero también, predictible. Y ese verbo se convierte futuro perfecto —que me lo expliquen— cuando somos capaces de decir que ‘habremos muerto, todos, de aquí al 2030’.
Y no se trata de que esta columna pretenda emular al cenizo Nostradamus o esta columnista ande de bajón porque le fuera regulinchi la cita del jueves, qué va.
Se está planteando estos días la «extinción» de la humanidad. ¿Por una lluvia de meteoritos, cual dinosaurios? No. Jacob Coxon, investigador de Anthropic —empresa de investigación y seguridad en inteligencia artificial—, anunció su dimisión para no contribuir a la posible extinción de la humanidad: «La IA puede matarnos antes de 2030». Pesimista pero menos, su colaborador Evan Hubinger situó en «más de un 10%» esta probabilidad. Y en la España de siesta y castañuelas, Óscar........
