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El mayor pelotazo inmobiliario de la historia de España: una reflexión actual

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07.03.2026

La historia de un país está marcada por sus logros, pero también por sus delitos y delincuentes. En pleno Siglo de Oro español (período histórico que comprende, aproximadamente, desde 1492 hasta 1681), el Duque de Lerma, valido de Felipe III, protagonizó una trama de corrupción que supera en audacia y beneficios a muchas de las que vemos hoy en los medios de comunicación.Francisco de Sandoval y Rojas (1553-1625), un maquiavélico vallisoletano, promovió activamente el traslado de la corte real a Valladolid (1601-1606) y lo aprovechó para amasar una inmensa fortuna.En la primera fase de su plan compró terrenos y viviendas a precios bajos en la ciudad del río Pisuerga para luego convencer al rey de trasladar allí la corte. Una vez hecho esto, revendió sus propiedades pucelanas a precios exorbitantes a los cortesanos recién llegados.Pero la ambición del pícaro aristócrata no tenía límites. Su estratagema no había terminado de desarrollarse. Logró que el séquito regresara a Madrid y los mismos palacianos que habían comprado sus propiedades en Valladolid volvían a necesitar viviendas en la capital del reino. El Duque había recomprado en Madrid a precios muy bajos las propiedades de los funcionarios que se marcharon precipitadamente a Valladolid, para luego revendérselas a precios elevados a los mismos áulicos que regresaban tras cinco años de asentamiento fallido de la corte.Sin embargo, el crimen fue descubierto. Desenmascarado por una pléyade de funcionarios furibundos y la delación de su propio hijo, el Duque perdió toda su influencia y fue castigado, aunque no de la forma en que cabría esperar. Sus colaboradores fueron ejecutados, pero él logró evitar la pena capital al huir a Roma y obtener un capelo cardenalicio, lo que le otorgaba inmunidad, pues ningún rey católico se atrevería a decapitar a un purpurado vaticano. Murió en su cama en Valladolid, con su fortuna embargada y sin rendir cuentas según la ley de los hombres.La historia del Duque de Lerma nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del poder y la corrupción. ¿Cómo es posible que un solo hombre, con un cargo que mutatis mutandis podría asimilarse actualmente al de un presidente de gobierno, pudiera haber acumulado tanto poder e influencia y llevar a cabo semejante trama sin ser detectado ni castigado debidamente? ¿Acaso no es esta una muestra de la debilidad de las instituciones y la falta de controles? ¿Es posible que en la España actual surgiera una figura similar?Hoy en día la corrupción sigue siendo un problema muy grave y de rigurosa actualidad en este país. A pesar de los avances en materia de transparencia y rendición de cuentas los casos de: malversación, cohecho, tráfico de influencias, organización criminal, nepotismo o clientelismo siguen saliendo a la luz, lo que demuestra que aún queda mucho por hacer.Lo sucedido con el Duque de Lerma nos recuerda que la lucha contra la corrupción es una tarea constante que requiere la participación de todos. Es necesario fortalecer las instituciones, lograr la verdadera independencia judicial en todas las instancias, promover la transparencia en los controles y exigir responsabilidades a los que ejercen el poder. Solo así podremos evitar que se repitan casos como el que inspira este artículo y construir una sociedad más justa y honesta, propósitos estos de los que estamos muy alejados, como nos confirman los titulares de prensa y los legajos judiciales.


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