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Comunicación y diplomacia

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12.09.2026

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Durante décadas pensamos que comunicar bien significaba hablar bien. 

Tener un mensaje claro. Encontrar al vocero correcto. Conseguir una entrevista. Diseñar una campaña. Dominar la conversación. 

Después llegaron las redes sociales y pareció que el desafío era todavía más sencillo, comunicar más rápido, llegar a más personas, generar más interacciones.

La inteligencia artificial está llevando esa lógica hasta sus últimas consecuencias. 

Pronto podremos producir miles de mensajes personalizados en segundos. 

Un algoritmo podrá escribir discursos, anticipar reacciones, analizar audiencias, generar imágenes y videos, responder preguntas y decirle prácticamente a cada ciudadano o consumidor aquello que quiere escuchar.

Y precisamente por eso sospecho que estamos entrando en una época paradójica. 

Cuanto más abundante sea la comunicación, más escasa será la confianza. 

Esa es una de las reflexiones que me dejó la lectura de La comunicación como estrategia diplomática, el nuevo libro de Antonio Ocaranza. 

Conozco a Antonio desde hace muchos años. 

Estudiamos juntos en El Colegio de México y coincidimos en Washington cuando México emprendió una de las transformaciones estratégicas más importantes de su historia contemporánea: 

La negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Su libro habla de aquella experiencia, de diplomacia pública, reputación, comunicación internacional y, posteriormente, de diplomacia corporativa.

Pero creo que, en el fondo, trata de algo todavía más importante: 

Cómo conseguir la cooperación de personas e instituciones sobre las cuales no tenemos........

© Detona