Lo del pogromo
1- La primera vez que aparece el concepto “masa” en la literatura europea es de la mano de José Somoza –1781-1852–, un ilustrado y liberal que se inventa esa palabra en los años veinte del XIX. El texto en cuestión es breve y soberbio, y no deja de ser trágicamente hermoso, pues condensa, sin saberlo el autor, una autobiografía de España para un par de siglos –o, glups, tres–. El fragmento es, más o menos, así. El autor huye por la sierra de Ávila, junto a una criada –con la que, queda claro, hay tomate–. Escuchan a lo lejos el rumor de algo peligroso y creciente que se les aproxima, momento en el que el autor y la criada deciden dejar de correr unos instantes y enterrar, con sus propias manos, un ejemplar comprometedor de la Constitución de 1812 que transportaban. Lo hacen justo para percibir que el rumor del que huyen aumenta, por lo que salen pitando nuevamente. El autor explica entonces qué es el rumor. Es, dice, la masa. Sin más descripciones. Lo de Somoza es una genialidad, un punto de partida de algo inquietante que, un siglo después, en el XX, continuará un judío sefardí búlgaro y futuro premio Nobel, llamado Elias Canetti, un hombre obsesionado por el rumor inaudito, salvaje y creciente que describió Somoza y que él mismo escuchó en la Europa de los años veinte y treinta del XX, un siglo exacto después que Somoza.
2- Gracias a Somoza sabemos que a) la masa no está compuesta por individuos, sino que se forma en el momento en el que b) una multitud de individuos decide dejar de serlo, para pasar a ser solo c) multitud poseída por sí misma, es decir, d) masa. Por el mismo autor sabemos que cuando la masa surge, ello supone el e) enterramiento explícito de la Constitución de 1812. Esto es, de algo aún más profundo y dilatado que el marco legal. Y, ya puestos, gracias a Canetti, sabemos que la masa tiene tres actos dramáticos, y que el tercero es el clímax –clímax: el momento en el que la masa hubiera alcanzado a Somoza y a la criada y les hubieran dado para el pelo, sin límite, pues la masa carece de límite–, momento en el que se produce la catarsis, aquello que la masa perseguía y a lo que finalmente accede, tras lo cual la masa pierde su sentido, se desactiva y se dispersa. En ocasiones, sin memoria alguna de lo sucedido, o tal vez avergonzada. O ni siquiera.
3- La semana pasada hubo un pogromo en Ceuta. Lo que es mucho. Y lo que, a su vez –medios, redes sociales, un expresi de gobierno, una flotilla invencible invitando a los individuos a dejar de serlo–, fue muy poco. Lo que habla, a pesar de todo, de cierta resistencia de la sociedad civil ceutí a la presión del entorno.
4- Para acceder a un pogromo, para acceder a la masa, son necesarias dos condiciones que el lector ya conoce. Una es el abandono de la individualidad y la comunión en la masa. La otra es el enterramiento de, es un decir, la Constitución de 1812. Y esas dos condiciones se dieron y, tal vez, glups, se siguen dando en Ceuta. Veámoslo.
5- La época está emitiendo cantos de sirena al individuo para que deje de serlo y actúe como masa. Para ello se le promete una libertad inaudita, carajo, una plenitud nunca alcanzada, si ataca a todo lo que impida esa Edad de Oro. ¿Y qué lo impide? El otro. El otro es alguien de por sí malvado, que quiere sustituirnos. Ahí nacen las teorías de la sustitución, formuladas en Francia y acogidas, como oro en paño, por el reaccionarismo de EEUU. Son teorías que afirman que nos quieren sustituir, por lo que hay que reaccionar ante ello como uno solo y restablecer el orden inveterado y perfeccionado, ya sin el otro y constituidos, para ello, en masa. ¿Quién nos quiere sustituir, ya puestos?
Las sustituciones, su auge, explican lo avanzadas que están las gramáticas de la extrema derecha
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6- La idea inicial y principal es que nos quiere sustituir la inmigración, fundamentalmente la musulmana. Hay, en ese sentido, una orden, un plan, unos modernos protocolos de Sión, que planifican esa sustitución, que........
