La traición silenciosa
Venezuela atraviesa uno de los momentos más comprometedores de su historia republicana. La retórica de soberanía ,tan invocada durante décadas como escudo ideológico y carta de presentación ante el mundo, parece haber cedido su lugar a una realidad que muchos ciudadanos perciben con indignación y perplejidad: la progresiva subordinación de los intereses nacionales a poderes externos, particularmente a Washington.
La espada de Simón Bolívar no es un objeto cualquiera en el imaginario venezolano. Es el símbolo fundacional de la independencia continental, el arquetipo del antimperialismo latinoamericano, la bandera con la que se construyó durante más de dos décadas un proyecto político que se proclamaba heredero directo del Libertador. Que ese símbolo ,literal y metafóricamente, haya dejado de recorrer las tierras que prometió defender es quizás la imagen más poderosa del colapso de un discurso que movilizó generaciones enteras.
Cuando un gobierno que edificó su legitimidad sobre la soberanía nacional termina negociando con las mismas potencias que denunciaba como enemigas, no se produce simplemente un giro pragmático de política exterior. Se produce una fractura moral entre el relato y la acción, entre la máscara y el rostro.
El entreguismo no es un fenómeno nuevo en América Latina. Sin embargo, resulta particularmente grave cuando proviene de quienes construyeron su poder........
