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Introito: "Foro internacional "Autodeterminación de los pueblos: Soberanias en diálogo"

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09.03.2026

El principio de autodeterminación de los pueblos, entendido desde la hermenéutica gadameriana, invita a una lectura ética y dialógica de la soberanía como experiencia viva y no como dogma político. Se trata de comprender que toda identidad nacional se forma en el encuentro —no en el aislamiento— y, por ende, en un diálogo continuo con la historia, las tradiciones y las tensiones geopolíticas que la configuran.

Este diálogo, como proponía el filósofo Hans Gadamer, haciendo alusión a su ermenéutica filosófica, centrada en el diálogo, la tradición y la comprensión como un acontecimiento histórico, superando el enfoque metódico por uno ontológico; donde no se busca imponer una verdad absoluta, sino escuchar la verdad del otro para fundir horizontes.

Ahora bien, al analizar las soberanías en diálogo bajo el prisma latinoamericano, surge inevitablemente la sombra prolongada del espíritu imperialista estadounidense, que a lo largo del siglo XX y XXI ha condicionado, manipulado o violentado los procesos de autodeterminación en distintos territorios.

En consecuencia, comprender la soberanía hoy implica no solo un acto jurídico o político, sino una resistencia hermenéutica: interpretar el poder propio frente al discurso hegemónico que pretende universalizar su modelo. En otras palabras, lo esencial es releer la soberanía como narrativa cultural, como una palabra que busca recuperar su sentido original frente a la colonización semántica del Norte.

Al hacer de la comprensión una praxis interpretativa de la realidad, se da un todo desde un acto histórico, inseparable de los prejuicios —positivos o negativos— que orientan nuestro horizonte de interpretación. Este principio resulta esclarecedor para estudiar la autodeterminación latinoamericana, ya que los pueblos del Sur han debido reconstruir su identidad en medio de discursos foráneos que los definen desde la carencia o la subordinación.

Así, hoy estamos ante un imperialismo que no se limita a la ocupación económica o militar, también se expresa en la imposición simbólica de valores, modelos de desarrollo, ideales de democracia y cánones culturales. A causa de ello, las naciones que aspiran a autodeterminarse enfrentan un desafío doble: resistir materialmente la presión externa y, al mismo tiempo, reconstruir su propio horizonte de sentido. En este contexto, el diálogo de soberanías no puede mantenerse en planos abstractos, sino que debe encarnarse en prácticas políticas que dignifiquen la diferencia y renueven la esperanza colectiva.

Por otra parte, el caso de Venezuela constituye un ejemplo paradigmático de esa tensión entre autodeterminación y hegemonía. Desde su independencia, el país ha sido escenario de múltiples intentos de subordinación por parte de potencias extranjeras, especialmente de Estados Unidos, que bajo el discurso de la democracia y los derechos humanos han buscado condicionar su soberanía energética, económica y política.

Tal es el caso de los bloqueos económicos y las sanciones unilaterales que, más que promover libertad, han generado sufrimiento y fragmentación social. Sin embargo, desde una mirada gadameriana, es posible interpretar esta historia no solo como confrontación, sino como oportunidad hermenéutica: un llamado a reconfigurar el sentido de la soberanía a partir de la solidaridad entre los pueblos latinoamericanos.

De ahí que, más que levantar muros ideológicos, la tarea esté en tejer puentes interpretativos, donde el reconocimiento mutuo sustituya la imposición y el diálogo profundo desplace la prepotencia del lenguaje imperial.

Es importante destacar que el concepto de soberanía, al dialogar con la hermenéutica, deja de ser una categoría estática para convertirse en una vivencia cultural que se reinventa conforme a las experiencias históricas del pueblo.

De ese modo, la autodeterminación no se reduce a la simple capacidad de gobernarse, sino que implica la posibilidad de nombrarse y contarse desde adentro, con las propias palabras y matices. Esto quiere decir que, frente al relato imperial que busca homogeneizar, emerge una narrativa plural, mestiza y profundamente situada.

América Latina, en este sentido, responde al poder hegemónico no solamente con resistencia política, sino con creación de pensamiento, arte y espiritualidad. Así, la soberanía en diálogo —al estilo de Gadamer— se asemeja a una conversación entre memorias heridas que, sin negar sus diferencias, aspiran a un entendimiento más humano y compartido.

Después de todo, lo más importante en este análisis es reconocer que la hegemonía norteamericana ha desfigurado la noción misma de diálogo y libertad, convirtiéndolas en herramientas de control. No obstante, los pueblos que han sufrido esas formas de dominación conservan una fuerza hermenéutica silenciosa pero constante: la del sentido común, la del arraigo simbólico que sostiene la vida en comunidad.

Por consiguiente, la autodeterminación se vuelve una práctica interpretativa que reescribe la historia desde los márgenes. A fin de cuentas, cada pueblo, al igual que cada palabra en un texto, busca su propio modo de significar. Venezuela y América Latina han demostrado, una y otra vez, que comprenderse a sí mismos en medio del asedio imperial constituye un acto supremo de libertad.

En definitiva, todo horizonte de soberanía en diálogo supone aceptar la finitud humana y la necesidad del otro; desde una percepción de la realidad bajo la lupa de la hermenéutica gadameriana, el diálogo no es sumisión ni consenso superficial, sino voluntad de verdad compartida. Así que, frente al imperialismo que impone sentidos únicos, el Sur levanta la palabra como acto de justicia interpretativa. Por lo cual, la autodeterminación de los pueblos se afirma, no desde el aislamiento beligerante, sino desde la conciencia lúcida de que comprender es resistir, y resistir es crear significado.

En una palabra, la soberanía en diálogo se hace ética encarnada: gesto de esperanza, ejercicio de memoria, y respuesta espiritual frente a toda forma de dominación que, en nombre de la libertad, busca negar la voz de los otros.

Esto hace surgir una interrogante medular: ¿De qué manera se puede alcanzar a comprender la autodeterminación de los pueblos frente a las nuevas formas de imperialismo del siglo XXI, que ya sea su dominio por la fuerza militar o por persuasión ideológica y económica, la imposición simbólica de una cultural de la obediencia sigue despertando esperanzas y pasiones? La pregunta plantea tres vías: tener la capacidad de comprender la resistencia de los pueblos según su idiosincrasia y valores de sociedad; la autodeterminación como ejercicio ético y la cultura e historia, no solo política y bélica, sino profundamente humana, en términos de Nietzsche, enmarcada es una propuesta de un "espíritu libre" que cuestiona moral, cultura y religión mediante un análisis psicológico crudo; la desmitificación de lo humano, revelando que los "altos ideales" suelen ocultar egoísmo y debilidades, abogando por la autonomía ética y la superación personal. Esa realidad se tomiza en la percepción del imperialismo contemporáneo como estructura mutada del poder, que busca dominar el significado y el lenguaje de los pueblos.

En un aspecto puntual, se trata de comprender de manera más honda la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo del siglo XXI cuando se la asume como un proceso histórico de toma de conciencia crítica y de disputa por el sentido, no solo como un principio jurídico abstracto. La verdad es que las nuevas formas de dominación combinan coerción militar, presión económica y seducción cultural, de modo que los pueblos terminan enfrentando una batalla simultánea en los cuerpos, en las instituciones y en la imaginación colectiva.

En este marco de ideas, el Foro denominado "AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS: SOBERANÍAS EN DIÁLOGO", a darse sincrónica y asincrónicamente en la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, UNELLEZ, Vicerrectorado de Producción Agrícola del estado Portuguesa, ofrece una vía para leer y desenmascarar los discursos que legitiman ese orden desigual, mostrando cómo ciertos valores "universales" funcionan como envoltorio ideológico de intereses imperiales muy concretos. Así, comprender la autodeterminación implica identificar qué voces han sido silenciadas, qué relatos han sido sustituidos y qué símbolos se han usado para naturalizar la dependencia, al tiempo que se recuperan memorias, lenguajes y proyectos propios que alimentan nuevas esperanzas colectivas.

Comparto con ustedes el enlace del canal youtube donde se podrá ver la actividad en tiempo real: https://youtube.com/@forointernacionalautodetermina?si=CnVwWsiE4jwoPVBl ; en instagram estará activo el portal: https://www.instagram.com/p/DVoXvuhESsN1H6rsNWCMCyUnv0ojjM4mx6QtIc0/?igsh=MWYyY2RvY2l2a25m

Contacto: azocarramon1968@gmail.com


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