El laberinto de los atajos frustrados
Existe en la psicología política de las crisis una tentación recurrente: la del atajo. La creencia de que frente a un orden percibido como ilegítimo o injusto, existen caminos laterales que permiten sortear la complejidad institucional y acelerar el cambio. Venezuela, en sus casi tres décadas de conflicto político agudo, sucumbió a esta tentación en múltiples ocasiones.
Cada intento, presentado como solución definitiva a la crisis, terminó por profundizarla, enredando al país en un laberinto de donde era cada vez más difícil salir. La búsqueda de soluciones fuera del marco constitucional no solo fracasó en sus objetivos inmediatos, sino que contribuyó decisivamente a la erosión del Estado de derecho y a la militarización de la política, cerrando progresivamente las puertas a una transición democrática negociada.
La primera y más traumática de estas experiencias fue el intento de golpe de Estado de abril de 2002. Aquel episodio, más que un evento aislado, fue un síntoma de una enfermedad política profunda: la incapacidad de procesar el conflicto dentro de las instituciones. Por un lado, un gobierno electo que radicalizaba su proyecto y estigmatizaba a la oposición como "escuálidos" y "oligarcas". Por otro, una oposición convencida de que la vía democrática estaba agotada y que solo un cambio brusco de poder podría detener lo que percibía como una deriva autoritaria. El error de cálculo fue monumental en ambos lados, pero particularmente catastrófico para quienes promovieron la salida militar.
Para el gobierno, fue la justificación perfecta para acelerar la radicalización: ahora podía presentarse no como un actor político más, sino como víctima de una conspiración oligárquica e imperialista. La narrativa del "golpe fascista" se incorporó al imaginario oficialista con una fuerza que todavía perdura. Para la democracia venezolana, el daño fue aún más profundo: se había cruzado un rubicón. Si la oposición recurría a métodos extra constitucionales, ¿qué autoridad moral tendría después para exigir al gobierno que respetara la Constitución? Se había establecido un peligroso precedente: en Venezuela, cuando la política falla, se recurre a los cuarteles.
Este patrón se repetiría, con variaciones, en los años siguientes. La llamada "salida" de 2014-2017 —las protestas callejeras sostenidas con el objetivo explícito de forzar la renuncia del presidente— representó otra versión del mismo error estratégico. Nuevamente,........
