Episodio II: El corazón contrito y humillado
Serie Los Salmos. Anatomía del alma
Una de las imágenes más poderosa de toda la Escritura para ilustrar el significado del arrepentimiento es la historia de dolor de Judas y Pedro. Ambos fueron discípulos de Cristo; caminaron con él y estuvieron en ese circulo más cercano con el Maestro. Uno lo vendió al Sanedrín por unas cuantas piezas de plata, el otro lo negó tres veces durante esos momentos de tanto sufrimiento y dolor en su peregrinar. La gran diferencia entre ambos es que según afirma la Biblia, Judas “devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.” Mateo 27:3-5. Solo Pedro lloró amargamente su pecado y regresó a Jesús: “…Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.” Mateo 26:74.75.
Al leer el Salmo 51, sabiendo que fue escrito por el rey David luego de haber adulterado con Betsabé, podemos reconocer en cada letra de este Salmo la profunda tristeza del rey; su verdadero arrepentimiento. En Español la palabra arrepentimiento proviene del verbo “arrepentir” que se deriva del Latín vulgar “repoenitere” o “poenitere” que significa sentir pesar, lamentar una acción realizada o experimentar dolor moral por una conducta. En el Antiguo Testamento la palabra hebrea usada para arrepentimiento es “shub” que significa volver, o darse vuelta, retornar; la idea central es la de un cambio de dirección. Por esa razón, en tantos pasajes del Antiguo Testamento encontramos que Dios le dice a Israel: ¡Volveos a M! No se trata solo de llorar por haber fallado, de sentir........
