La transición energética también es una guerra por el poder
La transición energética suele presentarse como un enfrentamiento entre combustibles fósiles y energías renovables. En realidad, la disputa es otra: quién controla el ritmo del cambio y quién ocupará las posiciones de poder en el sistema energético. Petroleras, eléctricas, grandes tecnológicas y gobiernos compiten por influir en un proceso que movilizará billones de euros durante las próximas décadas.
Las grandes petroleras han abandonado hace tiempo el negacionismo climático. La descarbonización ya no se discute; lo que se debate es cómo alcanzarla. Cada vez que una tecnología parece consolidarse, emerge otra alternativa: al vehículo eléctrico se contrapone el hidrógeno; después aparecen los combustibles sintéticos, el biometano, el metanol verde o la captura de carbono. Todas tienen aplicaciones reales, pero también responden a intereses económicos diferentes. Las refinerías encuentran nuevas oportunidades en los combustibles sintéticos; las redes gasistas, en el hidrógeno o el biometano; la captura de carbono permite prolongar la vida útil de activos ya amortizados.
La batalla ya no consiste en negar la transición, sino en decidir cómo se hace y quién controla el negocio energético.
Las advertencias del sector de los hidrocarburos sobre el impacto que la regulación europea del metano podría tener en el suministro de crudo merecen ser tenidas en cuenta, porque la transición debe preservar la competitividad industrial europea. Pero también muestra cómo todos los actores intentan influir en las reglas para proteger sus inversiones.........
