Crítica de 'Street Fighter': una descacharrante comedia sobre señores inseguros y tortazos estilosos
Hay personajes que nacen para ser segundones, y Ken Masters es uno de ellos: creado en 1987 a resultas de una necesidad técnica, este karateka rubiales entró de rebote en el reparto de Street Fighter II (1991), el videojuego de lucha más influyente de la historia. Y desde entonces, muy a su pesar, se ha movido a cola de su amigo y contrincante Ryu, ese héroe emblemático al que todos los jugadores quieren pillarse.
De esta manera, uno de los mejores hallazgos de Street Fighter es escogerle como protagonista y, en el proceso, convertirle en equivalente de ese tocayo al que Ryan Gosling interpretó en Barbie. No solo porque ande justito de entendederas o por ser un hortera redomado (a su domicilio en la película le cuadraría lo de "mojo dojo casa house") sino también por el mar de dudas que late en el fondo de ese pecho palomo.
Mediante la........
