Adjetivos para aprender a vivir
Nombrar para entender. Adjetivar para matizar. Ciudadanos que, con elementos, puedan dialogar para sostener la vida en común.
Asistí el 26 de febrero al Seminario de literatura infantil 2026 que organizó la Fundación Ratón de Biblioteca, @fundaraton, y que, por segunda vez, se realizó en el desarrollo del Festival del Libro Infantil, que es uno de los eventos de la Fiesta del Libro, @fiestalibro, de la ciudad, que espera ser la Capital Mundial del Libro, próximamente.
700 personas, entre educadoras, promotoras de lectura, bibliotecarios y responsables de niños y niñas escucharon las experiencias y reflexiones de autores e ilustradores sobre su forma de crear libros para este público.
700 personas, entre educadoras, promotoras de lectura, bibliotecarios y responsables de niños y niñas escucharon las experiencias y reflexiones de autores e ilustradores sobre su forma de crear libros para este público.
Se habló de la poesía y cómo lo que muchos de ellos hacen es poesía para niños, que no es extraño ni contradictorio porque lo que se expresó es que la infancia tiene derecho a la belleza y la poesía permite acercarse a lo bello de una palabra, de una ilustración, de una sugerencia que invite a sentir. La belleza que está incluso en historias reales de nuestro mundo como las narra, por ejemplo, el argentino Jorge Luján, quien tiene varios cuentos y canciones de niños que viven en la calle, pero que, son aptas para todas las edades por la misma característica polisémica de la literatura, que permite que cada receptor entienda según sus vivencias y entorno.
“La palabra poética en la infancia es un lenguaje para el afecto, el juego y la escucha mutua”, nos decía Jorge, premio iberoamericano SM 2025.
“La palabra poética en la infancia es un lenguaje para el afecto, el juego y la escucha mutua”, nos decía Jorge, premio iberoamericano SM 2025.
En esa misma línea también habló una autora como Vicenta María Siosi Pino, escritora de origen wayuu, quien escribe sobre su cultura que tiene realidades cuestionables como el matrimonio infantil bajo títulos tan hermosos como No he vuelto a escuchar los pájaros.
Y poesía también está en la propuesta de Yolanda Reyes, quien leyó su más reciente libro Madriguera, unos versos cercanos ideales para leerles a bebés:
“Con ladrillos de colores y ramas de mi jardín voy a hacerte una cuevita para invitarte a dormir”.
“Con ladrillos de colores y ramas de mi jardín voy a hacerte una cuevita para invitarte a dormir”.
Todos los ponentes coincidieron en que cuando el mundo hace demasiado ruido las artes nos ayudan a armar nuestras propias voces. Aprender a escucharnos, enseñar a que cada uno encuentre su propia voz es lo más valioso que tiene la literatura infantil, porque las palabras no solo enseñan a leer sino que enseñan a vivir. Sobre esto, Jorge Luján citaba a Antonio Machado: “Converso con el hombre que siempre va conmigo”, frase ya antigua pero aún vigente, donde el mundo nos invita a entretenernos de manera permanente y a olvidar la conversación sana con uno mismo.
Sandra Zuluaga, la directora de la Fundación Ratón de Biblioteca lo expresaba en su discurso de bienvenida:
“Tener palabras es poder expresarse. Una ciudad donde los niños y las niñas tienen palabras es una ciudad que aprende a vivir en paz”.
“Tener palabras es poder expresarse. Una ciudad donde los niños y las niñas tienen palabras es una ciudad que aprende a vivir en paz”.
Y nos contaba que, en un mundo, en una ciudad, en la cual el lugar de mayor riesgo para los niños sigue siendo su propia casa, donde solo escuchan órdenes y regaños, además de riñas entre quienes tampoco aprendieron a hablar de forma adecuada, se necesitan palabras para expresar el miedo, nombrar la tristeza y explicar la rabia. Porque, nos contaba ella, “sin lenguaje emocional las diferencias se tramitan con gritos o silencio”; y pienso yo, cualquiera de los dos caminos es nefasto.
En el mundo de las palabras, los adjetivos son esenciales para cumplir este objetivo porque permiten describir, matizar, precisar.
“Nos ayudan a decir que algo es luminoso, suave, inmenso, injusto o maravilloso. Sin adjetivos el mundo se vuelve plano. Sin adjetivos, las emociones no encuentran forma”, precisó Sandra.
“Nos ayudan a decir que algo es luminoso, suave, inmenso, injusto o maravilloso. Sin adjetivos el mundo se vuelve plano. Sin adjetivos, las emociones no encuentran forma”, precisó Sandra.
Y definitivamente, necesitamos las palabras adecuadas para imaginar y construir el futuro que queremos. Y también, agregaría yo, necesitamos espacios para querer hablar. Para dejar el celular en la mesa y perdernos, sin culpas, la notificación que nos reclama. Mirar a nuestros niños, a nuestra pareja, a nuestros padres, tíos, abuelos a los ojos, y escucharlos de una manera real e integral. Así, con palabras y con atención auténtica, quizá seamos capaces de comprender y de tramitar nuestras diferencias sin violencia, y quizá, podamos entonces sostener la vida en común, esa que está al frente de nuestras narices y que podemos tocar, oler y degustar, y por supuesto, escuchar, en palabras como ‘te quiero’ que acompañada con el adjetivo ‘mucho’ hace una gran diferencia.
