menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Irán: una guerra sin plan

33 0
05.03.2026

Entre más escucho hablar al secretario de Defensa Pete Hegseth, al Secretario de Estado Rubio y al presidente Trump, más me convenzo de que Estados Unidos ha desatado una guerra contra Irán frente a la cual no tiene razones válidas conforme al derecho internacional, carece de un objetivo estratégico claro —entendido como la situación final deseada— y tampoco parece tener definido cuándo ni cómo salir.

Nunca fue claro de qué manera el régimen iraní representaba una amenaza inminente para Estados Unidos. Por el contrario, Trump, sin un plan claro ni suficiente apoyo interno, asumió el enorme riesgo de desatar una nueva guerra en Medio Oriente. Lo hizo además desatendiendo advertencias del propio Pentágono, que habría señalado que sus fuerzas armadas podrían enfrentar limitaciones logísticas por la escasez de ciertos tipos de municiones especializadas si el conflicto se prolonga en el tiempo.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué lo hizo?

¿Será para consolidar su dominio geopolítico sobre Irán, controlando no solo la cuarta reserva mundial de petróleo y dificultando, de paso, el suministro energético desde el Golfo Pérsico hacia su principal adversario estratégico, China, que además requiere un Irán estable para el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda? ¿Será para desviar la atención del caso Epstein o por presiones del gobierno de Benjamín Netanyahu y del poderoso lobby de la AIPAC en Washington?

Lo que sí parece claro es que esta guerra no se inició para mejorar la situación de las mujeres iraníes. También resulta evidente que Trump y Netanyahu tienen algo en común: ambos enfrentan escándalos y acusaciones que amenazan su futuro político, en medio de procesos electorales que se aproximan en octubre y noviembre respectivamente.

Hoy Irán, con aliados debilitados como Hezbolá o los hutíes, y ante la cautela mostrada por Rusia y China —que aparentemente estarían brindando apoyo de inteligencia— enfrenta un conflicto de carácter existencial que inevitablemente impactará la geopolítica mundial.

Sin embargo, Teherán podría resistir, como ya lo hizo en los años ochenta durante la guerra contra el Irak de Saddam Hussein, cuando enfrentó a un enemigo que contaba con el respaldo simultáneo de Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y Francia. Si el país persa logra resistir nuevamente, el conflicto podría empantanarse en una larga guerra de desgaste.

Ese escenario sería particularmente costoso para estadounidenses e israelíes si decidieran intervenir con tropas terrestres en un país cohesionado por el nacionalismo y la religiosidad chiita. Irán, además, cuenta con ventajas geográficas evidentes: su desértica meseta central está protegida por barreras montañosas naturales y dispone de un aparato de defensa descentralizado equipado con tecnología de punta, como lo demuestran no solo sus drones Shahed, sino también sus misiles hipersónicos.

Esta guerra sin un plan claro podría terminar provocando un cambio de gobierno: no en Teherán, sino en Washington o Jerusalén.


© Vanguardia