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Por qué seguimos comprando libros que no leemos… y por qué nos hace tanta ilusión

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20.08.2026

En las épocas de mucho ajetreo, me doy cuenta de que, sencillamente, no puedo leer tanto como me gustaría. La vida tiene la costumbre de llenar cada hora libre con trabajo, reuniones, correos electrónicos, tareas domésticas, recados y plazos. Cuando estoy en uno de mis hábitats naturales –una librería–, resulta frustrante ver tantas cosas que me gustaría leer sabiendo que no tengo tiempo.

Mi consuelo habitual es comprar el libro de todos modos y dejar que se vaya acumulando en un pequeño montón, con la esperanza de que llegue un tiempo más tranquilo en el que por fin pueda abrirlos. Es extrañamente satisfactorio. Algunos podrían llamarlo desorden. Los japoneses tienen una palabra mucho más elegante para ello: tsundoku.

El término describe el hábito de adquirir libros y dejar que se acumulen sin leer. Combina la idea de apilar cosas (tsunde), dejar algo para más tarde (oku) y leer (doku). El resultado es un concepto que captura el optimismo silencioso de una pila de libros.

Lejos de ser un signo de falta de tiempo o de disciplina, el tsundoku puede revelar algo sorprendentemente importante sobre cómo responde el cerebro a la anticipación.

La dopamina de las expectativas

Cuando nos encontramos con algo que promete disfrute o descubrimiento, el sistema de recompensa del cerebro se pone en marcha. Una de sus vías recorre el área tegmental ventral –una región del........

© The Conversation