La inclusión no se mide en matrículas
Cada año conocemos nuevas cifras sobre el aumento de estudiantes con discapacidad y neurodivergencias que ingresan a la educación superior. Es una buena noticia. Significa que las universidades chilenas han comenzado a derribar barreras que durante décadas impidieron que miles de personas ejercieran plenamente su derecho a estudiar.
Pero también es una noticia incompleta. Hemos aprendido a celebrar el acceso. Lo que todavía no hacemos es preguntarnos qué ocurre después. ¿Cuántos de esos estudiantes permanecen en la universidad? ¿Cuántos participan plenamente en la vida académica? ¿Cuántos logran titularse? Y, sobre todo, ¿cuántos deben invertir buena parte de su energía en adaptarse a un sistema que sigue esperando estudiantes “promedio”; en lugar de reconocer la diversidad como parte de la normalidad?
Ahí está hoy el verdadero debate sobre la inclusión. Durante años, el........
