La verdadera amenaza a la democracia no es el populismo. Es la oligarquía
23X: @Latinoamerica21
Autores: Maxwell Cameron y Federico M. Rossi
Cuando la democracia entra en crisis, el dedo acusador suele señalar al populismo. Líderes carismáticos, discursos antiinstitucionales y estilos autoritarios ocupan titulares y debates, reforzando una narrativa cómoda: la democracia liberal estaría amenazada desde abajo.
Sin embargo, esta explicación resulta incompleta —y, en muchos casos, engañosa—. En América Latina, y cada vez más también en otras regiones, el problema más persistente no es el populismo, sino la oligarquía.
Desde las independencias del siglo XIX, América Latina fue un enorme laboratorio de republicanismo. Las nuevas repúblicas surgidas de la ruptura colonial abrazaron principios radicales para su tiempo: soberanía popular, constitucionalismo, elecciones competitivas y secularismo.
No fueron copias imperfectas de Europa, sino experiencias originales que intentaron articular libertad política en sociedades profundamente desiguales. El problema es que esa desigualdad nunca fue resuelta. La ciudadanía se proclamó universal, pero se practicó de forma selectiva, atravesada por jerarquías de clase, etnia y género.
De ese desequilibrio histórico nacieron repúblicas formalmente representativas, pero sustantivamente oligárquicas. A lo largo del tiempo, pequeñas élites económicas —a menudo vinculadas a intereses externos— lograron capturar el Estado, moldear las instituciones y convertir la representación política en un mecanismo de reproducción del poder.
Las elecciones continuaron existiendo, pero la igualdad política quedó vaciada de contenido. No se trató de democracias fallidas, sino de algo más inquietante: democracias compatibles con la dominación de........
