AmnistÃa 2026: lecciones pendientes para la convivencia democrática, por Omar Ãvila
AmnistÃa 2026: lecciones pendientes para la convivencia democrática, por Omar Ãvila
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La Ley de AmnistÃa para la Convivencia Democrática, promulgada el pasado 19 de febrero de 2026, se presenta como una amnistÃa «general y plena» orientada a la paz social, la reconciliación y la reintegración a la vida pública (artÃculos 1 y 2).
Su alcance temporal —de 1999 a 2026— y la enumeración de episodios de alta conflictividad entre 2002 y 2025 (artÃculos 6 y 8) la convierten en un instrumento de excepcional amplitud.
Sin embargo, una amnistÃa no se evalúa únicamente por sus intenciones, sino por su capacidad de producir un efecto cÃvico concreto: reconstruir la confianza en el Estado de derecho y reducir la tentación de resolver los conflictos polÃticos por vÃas punitivas o de fuerza.
En el imaginario polÃtico venezolano, el ciclo 2002-2004 quedó grabado como el punto de ruptura de la convivencia. En aquella etapa, figuras como Enrique Mendoza quedaron asociadas —con independencia de simpatÃas— a la lógica de confrontación institucional que marcó esos años.
Por ello, cuando en 2026 se amnistÃa expresamente hechos como los del 11 y 12 de abril de 2002, el paro petrolero de 2002-2003 y el referendo revocatorio de 2004 (art. 8.1-8.3), la ley no solo ofrece un perdón penal: también intenta sellar definitivamente un capÃtulo histórico.
Por ello, cuando en 2026 se amnistÃa expresamente hechos como los del 11 y 12 de abril de 2002, el paro petrolero de 2002-2003 y el referendo revocatorio de 2004 (art. 8.1-8.3), la ley no solo ofrece un perdón penal: también intenta sellar definitivamente un capÃtulo histórico.
Lo significativo es que, dos décadas después, la historia parece repetirse. Figuras como Juan Pablo Guanipa y Freddy Superlano fueron liberados en febrero de 2026 en el marco del proceso de excarcelación. En el caso de Superlano, su libertad plena tras el levantamiento del arresto domiciliario fue percibida como efecto directo de la amnistÃa.
El caso de Guanipa, en cambio, describe un trayecto más inestable —encarcelamiento, liberación, arresto domiciliario y posterior libertad plena—, lo que pone sobre la mesa el problema de fondo: una amnistÃa puede ser clara sobre el papel, pero su legitimidad se define en la práctica.
La propia ley busca garantizar celeridad procesal: ordena a los tribunales verificar los supuestos y decidir en plazos breves (art. 11), y declara el cese de las medidas de coerción personal para los hechos amnistiados (art. 10). Aun asÃ, es indispensable que el proceso sea uniforme y que los tribunales actúen con la debida diligencia.
La nueva Ley de AmnistÃa no se limita a un solo episodio histórico; es transversal y acumulativa. Su artÃculo 8 enumera más de una década de eventos polÃticos conflictivos que quedan ahora cubiertos por el perdón penal.
Resulta fundamental dilucidar si esta ley es una polÃtica de reinstitucionalización o una medida coyuntural de administración del conflicto. Dicho con claridad: la Ley de AmnistÃa de 2026 podrá interpretarse como una oportunidad para reiniciar la convivencia polÃtica, o como un paréntesis que simplemente pospone tensiones estructurales.
Por último, no puede omitirse el caso del exgobernador de Nueva Esparta, Alfredo DÃaz, quien falleció bajo custodia en diciembre de 2025. Su situación revela la dimensión más dolorosa de este conflicto polÃtico: la amnistÃa puede llegar a tiempo para algunos, pero para otros ha llegado demasiado tarde.
Por último, no puede omitirse el caso del exgobernador de Nueva Esparta, Alfredo DÃaz, quien falleció bajo custodia en diciembre de 2025. Su situación revela la dimensión más dolorosa de este conflicto polÃtico: la amnistÃa puede llegar a tiempo para algunos, pero para otros ha llegado demasiado tarde.
Desde Unidad Visión Venezuela consideramos que la amnistÃa de 2026 debe ser algo más que una pausa: debe convertirse en un instrumento confiable para recuperar la fe y la confianza en Venezuela.
Emplazamos a los tribunales y comisiones a cumplir dos condiciones mÃnimas: primero, una aplicación uniforme y verificable; y segundo, la construcción de un complemento cÃvico de memoria y reparación que reconozca a las vÃctimas y a las familias que ya pagaron el precio máximo.
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La historia venezolana demuestra que el antagonismo polÃtico erosiona la convivencia democrática. Esperamos que esta amnistÃa sirva de puente para que los extremos polÃticos permitan a la sociedad venezolana transitar hacia la reconciliación y una convivencia democrática genuina y duradera.
Omar Ãvila es secretario general nacional de Unidad Visión Venezuela.
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo.
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