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Identidad, por Fernando Mires

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04.03.2026

Identidad, por Fernando Mires

En el psicoanálisis se entiende el concepto de identidad como un hecho y como un proceso a la vez. Eso quiere decir que la identidad tiene que ver con el Yo pero también con el proceso de formación del Yo. Reiteramos, del Yo, no del Ser.

Identidad, hay que aclararlo, no es el Ser sino que un proceso de desvinculación de un ser con respecto a otro ser cuando uno comienza a distinguir, desde el momento del lactar, que hay una presencia que lo alimenta, una que no hace la distinción con el Tú sino con un no-yo que todavía no es el Tú pero tampoco es todo Yo.

Para los no familiarizados con la lógica psicoanalista, bastaría fijar unas sola frase: el Yo resulta de la diferenciación frente al Otro. Pero primero aparece lo otro y después aparece lo uno. La escisión entre lo otro y lo uno es, digamos así, el primer piso de ese edificio que llamaremos identidad personal.

El Yo —me parece que ahí hay un acuerdo de Eric Erikson con Sigmund Freud— resulta de un proceso de formación a partir de de la aparición del Tú, proceso largo que en muchos casos nos acompañará a lo largo y a lo ancho de la vida.

El Yo, luego, supone la separación con respecto a un ser total y su conversión en un ser particular que espera el momento determinado en que reconocerá que yo soy yo y no soy tú.

«Yo soy» es el momento inicial del ser en sí, el comienzo de una larga marcha en conquista del propio Yo que no solo debe separarse del Tú, sino, además, necesita de la permanente presencia de un Tú para lograr esa separación.

«Yo soy» es el momento inicial del ser en sí, el comienzo de una larga marcha en conquista del propio Yo que no solo debe separarse del Tú, sino, además, necesita de la permanente presencia de un Tú para lograr esa separación.

No todos lo logran: los que fracasan en ese proceso que lleva a diferenciar el Yo del Tú serán catalogados después con el epíteto de narcisistas, vale decir, de seres cuyo desgarro del sí mismo hacia afuera, donde reside el Tú, no ha sido logrado, o solo lo ha sido de modo insuficiente. En el lenguaje cotidiano hablamos de seres sin empatía.

Lo importante es reiterar que el Yo surge de un desgarro, uno que llevamos todos desde los inicios de la formación del Yo: un Yo del Ser que precede al Yo a partir del reconocimiento del Tú.

Lacan diría —quizás lo dijo— ese proceso comienza a darse como la transformación de la madre-teta en la teta de la madre.

En términos heideggerianos, es la separación del Yo con respecto a la totalidad del Ser y en términos bíblicos es la aparición de Dios ante Moisés cuando, desde la zarza ardiendo, Dios se definió así como «Yo soy el que soy».

Siguiendo a la ontología bíblica, solo Dios es idéntico a sí mismo. Solo Dios es indivisible. Solo Dios es el yo y el tú y el nosotros y el vosotros al mismo tiempo.

Siguiendo a la ontología bíblica, solo Dios es idéntico a sí mismo. Solo Dios es indivisible. Solo Dios es el yo y el tú y el nosotros y el vosotros al mismo tiempo.

Por eso, cuando Dios se........

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