Dios, los apóstoles y el hijo del fútbol
Dios, los apóstoles y el hijo del fútbol
Vista de la estatua dedicada a Johan Cruyff que estaba situada en 2020 en la explanada frente al antiguo Camp Nou con el cartel publicitario que ocupaba la fachada de la grada de Tribuna / EFE
Han pasado diez años de la muerte de Johan Cruyff y seguimos invocándole como se invoca a los dioses: cuando falta luz, cuando sobra ruido, cuando el presente no alcanza, se convierte en nuestro refugio moral.
Cruyff no fue solo jugador y entrenador, lo convertimos en mito y lo reconocemos como el padre intelectual del significado del barcelonismo desde su llegada. Primero en el campo, de forma fugaz, retornó al club a la senda de la victoria. Posteriormente en el banquillo, nos descubrió el camino.
Convirtió un club acomplejado en una idea orgullosa de sí misma. Nos enseñó que ganar estaba bien, pero que hacerlo sin traicionarse era mejor. No solo transformó un club, cambió la fe de un sentimiento.
Y conviene decirlo sin complejos: en términos ideológicos, Johan está por encima de cualquier otro porque su misión fue constitucional. Un profeta que definió un credo diáfano: la pelota manda, el espacio decide, el talento no se negocia y el miedo te conduce a........
