La caída de la Casa Morena
“Una fisura apenas perceptible […] descendía por el muro en zigzag.”Edgar Allan Poe, La caída de la Casa Usher
“Una fisura apenas perceptible […] descendía por el muro en zigzag.”
Poe comprendió algo que la política suele olvidar: las casas también heredan enfermedades. Morena es apellido y edificio, estirpe y prisión. La grieta siempre estuvo ahí. Solo hacía falta que alguien dejara de admirar la fachada. Sospecho que la ruina era guinda.
El Segundo Informe quiso cubrirla con pintura fresca. La ceremonia debía restaurar el prestigio; mas apenas concluyó, regresaron los espectros que habían dejado fuera del salón: narcopolítica, huachicol fiscal, lujo, nepotismo, impunidad y rebelión de los herederos. El aplauso puede suspender la incredulidad; no la gravedad del padecimiento. Hablo de un segundo piso, sí, pero destinado al derrumbe.
La Cuarta Transformación no morirá a manos de todos aquellos a quienes responsabiliza de sus fracasos. La enfermedad hereditaria tiene nombre: Morena. Perecerá de sus gobernadores bajo sospecha, de sus hijos convertidos en dirigentes, de sus familias convertidas en nóminas, de sus austeros que frecuentan la primera clase, de sus fortunas oportunamente heredadas, sus diamantes regalados y de sus inocencias —ojalá fueran inocentadas— decretadas desde Palacio Nacional.
En los sótanos aparecen Rubén Rocha, Hernán Bermúdez y una red........
