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Claudia ganó. ¿Y el obradorismo?

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27.08.2026

Rubén Rocha Moya duró apenas 34 horas de regreso en la gubernatura de Sinaloa. A estas alturas, el episodio podría quedar como otra extravagancia del folclor político mexicano: un gobernador que vuelve, Morena se deslinda, la presidenta se inconforma y el gobernador vuelve a irse. Pero sería un error. Porque detrás de este vodevil hay una discusión mucho más profunda: ¿qué quiere ser la Cuarta Transformación después de López Obrador? Y, sobre todo, ¿quién va a decidirlo?

Circulan versiones sobre el respaldo del llamado obradorismo duro al regreso de Rocha e incluso sobre un supuesto visto bueno del expresidente. No sabemos si ocurrió y no vamos a inventarlo. No somos los López-Dóriga, los Loret ni los Riva Palacio, acostumbrados a convertir el trascendido en sentencia: no somos chayoteros; si no podemos demostrar que López Obrador ordenó el regreso de Rocha, no diremos que lo hizo. Pero tampoco necesitamos resolver ese misterio para entender lo esencial: Rocha regresó sin el aval político de Claudia Sheinbaum, el oficialismo cerró filas con la presidenta y treinta y cuatro horas después estaba nuevamente fuera.

Si aquello fue una medición de fuerzas, Claudia ganó. Y tenía que ganar. México tiene una presidenta constitucional y no puede existir una presidencia paralela, ni siquiera bajo la sombra monumental de López Obrador. Hasta ahí, estoy con Claudia. En la disputa ideológica, no: en esa quiero que gane el obradorismo duro. Porque una cosa es reconocer la autoridad de la presidenta y otra muy distinta entregarle un cheque en blanco para definir por sí sola el rumbo ideológico de un movimiento que no nació con ella y que tampoco le pertenece a una sola persona.

La izquierda mexicana ya cometió una vez el error que Morena corre el riesgo de repetir:........

© SDP Noticias