El socio que Morena necesita
Hay una vieja costumbre de la política mexicana: cuando un aliado es indispensable, se le llama “aliado”; cuando empieza a cobrar la factura, se le llama “chantajista”. Cuando amenaza con irse, de pronto descubren que la unidad era importantísima.
Eso es, en buena medida, lo que está ocurriendo entre Morena y el Partido del Trabajo rumbo a 2027.
Morena atraviesa un proceso interno en el que las encuestas para definir candidaturas a las gubernaturas han abierto heridas antes incluso de que empiecen las campañas. Pero el problema no termina en Morena. El PT, su compañero de viaje, también está haciendo cuentas. Algunos de los perfiles importantes para el PT emanan justamente de Morena, pero la amenaza de divorcio tiene más que ver con un proceso en el que acusan opacidad y desconfianza hacia las encuestas.
Las cuentas dicen algo bastante común en democracias con muchos partidos y es que ser pequeño no significa ser irrelevante.
Tomemos la elección intermedia de 2021. Aquel año se disputaron 15 gubernaturas. Morena y el PT compitieron juntos en distintas entidades, pero la importancia del voto petista no fue igual en todas.
Para medirla podemos hacer un ejercicio de comparar la votación que obtuvo el PT por separado con el margen que separó al ganador del segundo lugar.
¿Por qué importa esa comparación?
Porque si un partido aporta más votos de los que separaron al primero del segundo lugar, su votación tiene un tamaño suficiente para haber sido potencialmente determinante en una contienda cerrada. Esto no significa afirmar que todos los votos del PT habrían cambiado automáticamente de candidato si la alianza no hubiera existido. Los electores no son propiedad de los partidos y de hecho, la afinidad ideológica de izquierda entre ambos les hace compartir tanto figuras preferidas como el tipo........
