El día que los de a pie perdimos la batalla para ocupar el espacio público
Hace un par de meses hubo una promesa para la zona Centro de la Ciudad de México hecha por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada. El peatón se convertiría en el centro de la política pública y ni los autos podrían controvertir aquella premisa. El espacio público para el público, se decía.
No imaginábamos que los comerciantes ambulantes, pueblo y público indiscutible también, serían los verdaderos favorecidos. Fui al Centro histórico el fin de semana y encontré a una vendedora tradicional de elotes, de edad avanzada ya. Originaria de San Lorenzo Acopilco, Cuajimalpa. Estaba de pie a pesar de su vejez. La mazorca blanca, con diente gruesísimo y mayonesa generosa, me hizo olvidar que en la explanada de Pino Suárez uno debe tener doble precaución.
Encontré una jardinera libre de puestos, algo rarísimo porque todo ese espacio está lleno de vendedores ambulantes que cambian el uso de las bancas y jardineras por mostradores privados de uso exclusivo para ellos.
Me senté para terminar de comer ese elote justo frente a las instalaciones del Juzgado Cívico de Pino Suárez y, a los diez minutos, una comerciante llegó a quitarme. De manera agresiva fue pegando una carreta de madera cuyas llantas dejaban mis pies y piernas cada vez con menos espacio. Me moví hacia un lado, le dije que terminando mi elote me iba. Algo totalmente real: yo no iba a vender nada ni iba a ocupar el espacio por más de, a lo mucho, cinco minutos más. La persona comerciante me acorraló contra el árbol al que me pegué, me aventó su mochila, bastante grande, y con su cuerpo comenzó a aplastarme. Le dije que, si me tenía que quitar así, mejor le hablara a........
