La ley es la ley, a veces
La ley es el fundamento de la certeza jurídica y de una vida civilizada. La legalidad debilitada o inexistente afecta a la inmensa mayoría y beneficia a quienes concentran poder en sus diversas formas. Prevalece el más fuerte, el más violento, el más decidido a imponerse. La esencia del Estado democrático descansa en la legalidad, aunque ésta, por sí sola, no basta. Es indispensable que la ley regule y limite el poder público, además de garantizar los derechos de las personas, especialmente de quienes se encuentran en condición de vulnerabilidad.
No se sabe qué resulta peor: una legalidad autoritaria o la ausencia de legalidad. La primera etapa del obradorismo transitó por la segunda; ahora parece encaminarse hacia la primera, al menos en asuntos fiscales y en los relacionados con la libertad de expresión. La aplicación torcida de la encomiable figura de la violencia política de género se utiliza para restringir el ejercicio periodístico.
El signo de estos tiempos ha sido la impunidad. No porque antes no existiera, sino por la magnitud alcanzada. Basta un ejemplo: a lo largo de estos ocho años no ha........
