Siquiera sucedió con Abelardo presidente
No tuvieron tiempo de sentarse en el escritorio. En el primer día de trabajo, la Naturaleza les destrozó el entusiasmo, los planes. Ya no podrán mostrar avances ni progreso inmediatos. Un temblor interminable dio un vuelco a la misión: recuperar lo derruido en el sismo en un país que recibieron maltrecho, con las arcas vacías, corrupción rampante y profunda crisis en todos los sectores vitales.
Nunca un presidente había tenido que afrontar un gigantesco desastre natural al tercer día de asumir el mando. Hacerlo, además, con una UNGRD saqueada, renqueante, rebosante de ineptos. “En esta etapa de la emergencia, no es necesario solicitar ni activar el despliegue de equipos internacionales especializados en búsqueda y rescate”, escribió el director que puso Petro en carta enviada al nuevo canciller, desmintiendo a la tribu petrista que achacaba la decisión a un sesgo derechista del ministro.
Entretanto, valerosos rescatistas nacionales y cientos de voluntarios buscaban soplos de vida entre toneladas de escombros. De todas las espantosas tragedias, la de las trillizas Saavedra descarna el alma. Imagino a Ana María en su cama de hospital, tratando de aceptar que la infinita felicidad que conoció junto a sus papás y sus adoradas hermanas quedó sepultada. Que deberá sobrellevar una soledad desgarradora, rodeada del amor de familiares y amigos que intentarán animarla.
Imposible........
