La nueva enfermedad
¿En qué momento nos convencimos de que la vida era una competencia olímpica sin ceremonia de inauguración? Creo que ocurrió hace relativamente poco, cuando empezamos a medir el éxito en seguidores, el amor en fotografías, la felicidad en destinos turísticos y la inteligencia en frases motivacionales escritas sobre un atardecer que ni siquiera vimos porque estábamos ocupados buscando el mejor filtro.
Durante siglos se habló de la envidia como uno de los grandes defectos humanos y, sí, existe. Ahí sigue, puntual, sin perder vigencia. Pero, en lo personal, creo que el siglo XXI encontró una forma mucho más elegante de disfrazarla, como a tantas otras cosas, y ahora le llamamos comparación. Suena menos incómodo, más sofisticado y hasta parece inofensivo y, aunque queramos ocultarlo bajo cualquier eufemismo, pandito por demás, lo cierto es que la comparación dejó de ser un accidente humano para convertirse en una epidemia.
Vivimos haciendo auditorías de vidas ajenas, mientras la nuestra permanece cerrada por falta de mantenimiento y así, como quien se pone unas gafas de sol, el día en que dejamos de preguntarnos quiénes somos para empezar a preguntarnos quiénes deberíamos ser, aparecieron en el horizonte los primeros síntomas de, tal vez, una de las enfermedades más sofisticadas que ha inventado el siglo XXI, porque no produce fiebre, no aparece en los exámenes de sangre y, sin embargo, destruye vidas enteras sin hacer ruido.
Sí, la comparación. Hoy en día no........
