En defensa de nuestra institucionalidad
El furibundo ataque del presidente a la junta directiva del Banco de la República, es tan solo el último episodio del insólito abuso del poder presidencial al que hemos asistido durante los pasados tres años y ocho meses de un malogrado experimento progresista, que sumergió a nuestro país a partir del 7 de agosto de 2022.
Cada vez es más reiterativo cómo el presidente se ensaña contra sus propios nominados a los altos cargos de la nación. El frondoso panorama de lapidación pública y defenestramiento de sus ministros ha pasado a la cotidianidad de cada lunes, cuando los colombianos asisten a morbosas puestas en escena donde el guion siempre es el mismo: un presidente que no acepta la más mínima responsabilidad de sus actos de gobierno y unos ministros completamente enanos frente al desafuero presidencial.
Traer a cuento los desenfrenos presidenciales estando a punto de cerrar el gobierno no sirve de nada. Simplemente nada se puede cambiar en lo que resta de este gobierno, pero debe servirnos para el futuro. Esto pasa por la elección de la persona que ocupará la Casa de Nariño a partir del próximo 7 de agosto. Esa........
