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Regular no es prohibir

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Medellín no puede renunciar al turismo. Sería un absurdo. Genera empleo, mueve la economía, proyecta la ciudad y les ha dado ingresos a miles de familias. Eso no se discute.

Lo que sí se discute —y con toda la razón— es si vamos a entregarle el ordenamiento territorial a las plataformas y a dejar que el mercado decida por sí solo qué barrio sigue siendo para vivir y cuál se convierte en un hotel de paso. Eso no es libertad. Es desorden.

Ese es el debate real del Plan de Ordenamiento Territorial que hoy estudia el Concejo de Medellín. No se trata de prohibir la vivienda turística. Se trata de regularla. Regular es lo que hace cualquier ciudad ordenada: definir dónde puede funcionar una actividad, bajo qué condiciones y con qué responsabilidades frente a los vecinos.

Han querido presentar esto como una pelea entre la libertad económica y los enemigos del turismo. Es falso. Medellín no tiene que escoger entre turismo y vivienda. Puede y debe tener ambos. Pero cuando el negocio de corta estancia choca con el derecho de una familia a descansar, a pagar un arriendo justo y a saber quién entra y sale de su edificio, la prioridad es clara: primero nuestra gente.

En Medellín pasamos de 521 prestadores inscritos en el registro nacional de turismo en 2019 a 8.322 en 2026, que representan más de 40.000 camas, incluso más de las que suman en el sector de los........

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