menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Juan Pérez de Mungía: «Policía de doble rasero»

50 0
07.06.2026

Juan Pérez de Mungía: "¿Qué hacer? Los mimbres de la tiranía"

Juan Pérez de Mungía: "Envidia de la virtud: el motor de la corrupción"

Tres de diciembre de 2025. Cae la noche en Southampton. Un estudiante universitario vuelve a su residencia universitaria en Portswood después de haber celebrado el final del trimestre con sus compañeros de equipo de fútbol. Mientras graba un video para snapchat ve a un hombre que acababa de aparcar su coche con un cuchillo en el cinto de grandes dimensiones. Inconscientemente le dice, al ver que portaba un cuchillo, ¿eres un hombre malo? a lo que el aludido responde que si lo es. Creyendo que se trata de una interacción sin importancia se da la vuelta para continuar su camino, pero el hombre le para y le increpa. Le quita el teléfono de manera violenta de las manos y comienza un forcejeo. El hombre escala en la violencia y desenfunda el cuchillo que tiene en el cinto. Se trata de un cuchillo de 21 centímetros de hoja y le apuñala cinco veces. El muchacho malherido trata de huir y salta una valla, pero el hombre le sigue y graba su martirio, mofándose de él ya en el suelo. El chico grita: ¡Me han apuñalado!, ¡Me estoy muriendo! El hombre contacta con su familia y ésta se presenta en la escena del crimen. El hermano del agresor llama a la policía y dice: ¡Mi hermano ha sido atacado por un racista!. El hermano miente descaradamente a la policía y les dice que no había armas involucradas en el crimen. La madre oculta el arma blanca antes de que llegue la policía. Saben qué deben de decir para poner a la policía de su lado, un relato que se alinea con la ideología imperante que confirma los nuevos prejuicios de la moral victoriana.

La policía se presenta en el lugar del crimen siete minutos después de la llamada. Se acercan y ven a unas personas de pie y uno tendido en el suelo con mal aspecto. Le preguntan al hombre que ha sucedido este les dice que el muchacho que está en el suelo le ha agredido quitándole el turbante. El muchacho dice con voz tenue: ¡Me han apuñalado!, ¡No puedo respirar!. La policía hace caso omiso a sus plegarias e incluso uno de los agentes le dice de manera burlona: «No lo creo colega» . Le comienzan a esposar, estando postrado en el suelo y con poca movilidad. Al doblarle el brazo contra la espalda, ofrece nula resistencia, tolerando un ángulo inaudito y mostrando una mano pálida y con rastro de sangre. El muchacho repite una ultima vez: ¡Me han apuñalado! ¡No puedo respirar!. El policía le dice: Pon la mano en la esposa colega, a lo que el muchacho ya no responde. El policía le empieza a leer sus derechos, sin ninguna réplica por parte del muchacho. Tres minutos después un policía comenta que las pupilas del muchacho no responden. Alarmados le quitan las esposas e intentan realizarle la reanimación cardiopulmonar.  La policía preparaba un dosier, la misma mierda que la inventada sobre los 4 de Guilford, un dosier que no se divulgó sobre las actitudes racistas de la víctima. Como........

© Periodista Digital