Maricarmen, te arrancaron de tu casa pero jamás podrán borrar tu lucha
Hoy tenemos que hablar de algo de lo que nunca quisimos hablar. Maricarmen ha fallecido. Todas sabéis que tenía casi 88 años, que había vivido durante más de siete décadas en la misma casa y que era una verdadera luchadora. Pero Maricarmen era mucho más.
Maricarmen era sus bromas constantes, incluso cuando las cosas se ponían difíciles. Era sentarse a escucharla contar su vida, sus viajes y su corto matrimonio (“porque qué es eso de que tuviera que trabajar para mi marido”). Maricarmen era descubrir que cada rincón de aquella casa guardaba una historia. Ir a merendar con ella era oirla hablar de sus gatos de porcelana, de sus souvenirs, de sus muebles —a los que casi parecía haberles dado nombre propio— y de aquellos electrodomésticos de hacía más de treinta años que seguían funcionando y de los que estaba orgullosísima. Y se quejaba, con esa mezcla suya de humor y enfado, de que a esas alturas tuviera que pasárselo todo por puré.
En aquella casa no había simplemente cosas. Había una vida. Allí habían vivido y muerto sus padres. Allí estaban sus recuerdos, sus rutinas, su barrio, su mundo. Maricarmen había envejecido junto a aquellas paredes. Y hace apenas unas semanas la arrancaron de ellas. Pero cuando intentaron expulsarla ocurrió algo que quienes ordenaron el desahucio seguramente nunca imaginaron. Y es que las calles de su barrio retumbaron durante horas al unísono de cientos de voces. “Maricarmen, no estás sola”.
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