Las casas encantadas de Iker Jiménez
Es una lástima que Iker Jiménez se dedique ahora a la propaganda política en lugar de a desvelar misterios y enredar en cementerios y casas encantadas, que era lo que de verdad se le daba bien. Hay quien dice que tampoco es que haya mucha diferencia entre perseguir fantasmas y charlar con ellos en el plató, pero la verdad es que a plena luz los fantasmas pierden todo su encanto. Se echa en falta aquella farfolla de cámaras térmicas, higrómetros, grabadoras de alta frecuencia y sensores infrarrojos, cuando los parapsicólogos se metían a oscuras en un caserón abandonado y se pasaban las noches en blanco, a ver si captaban los lamentos de un alma en pena.
Lo más que sacaban, después de un fin de semana a base de termos de café, era una filmación doméstica en la que, aparte de telarañas, no se veía gran cosa: unas tinieblas aderezadas con un par de psicofonías cochambrosas. El profesor Germán de Argumosa -uno de los pioneros de la parapsicología patria- decía haber captado varias conversaciones desde el más allá,........
