La sociedad de los bonsáis
He tenido que pensar mucho en cómo iniciar este nuevo curso de opiniones en Público. Los temas se me agolpan en las tripas. Leo las noticias con el deseo de saber y, a la vez, de no hacerlo. Me gustaría tener ese superpoder de los bebés, que creen que con taparse los ojos las cosas desaparecen y, a la vez, me veo a mí misma sufriendo el Método Ludovico de La naranja mecánica.
Así que, como Alex DeLarge, vamos a jugar: el juego se titula "piensa siempre lo peor". Maricarmen no saludaba, ¿y qué? Maricarmen no ahorró, ¿y qué? Maricarmen era una mala vecina, quejica, manirrota, una vieja bruja que odiaba a los niños, ¿y qué? Si fuese una buena persona, una dechada de virtudes, Jesucrista misma resucitada, ¿habría cambiado la opinión de los vigilantes de la moral, que casualmente nunca tienen tiempo para revisar la suya propia? Se lo explico de otra forma: para dejar morir a una anciana de 87 años en un hogar en el que habitó 70 de ellos no es necesario que haya sido una buena persona, solamente hace falta que la nuestra sea una buena sociedad.
Maricarmen, que sepamos (por lo menos nadie se lo ha inventado todavía), no mató a nadie. ¿Saben quién sí lo hizo? Christa Pike. A los 18 años ella y su entonces novio, Tadaryl Shipp, golpearon, torturaron y asesinaron a Colleen Slemmer, una joven de 19 años a la que conocieron en un campamento para adolescentes con problemas. Fue condenada a la pena capital recién aterrizada en la edad adulta y, tras pasar casi tres décadas en el corredor de la........
