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Dimarys Águila: “Una poesía de la fijeza, de la insistencia en el cuerpo y en la memoria”

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22.05.2026

Llevo largas madrugadas de desconexión con Dimarys. Aquí donde estoy, a orillas del océano Pacífico, no falta el fluido eléctrico, pero igual a mi trabajo lo rigen los apagones de La Habana. Aun así, logramos sacar esta entrevista con una poeta singular, seguidora de la estela de Carilda Oliver y, por eso, con una poesía erótica desacralizadora, potente.

Nació en Güira de Melena, Artemisa, en 1979. Es licenciada en Lengua Inglesa y, entre otras muchas cosas, miembro del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía de La Habana y especialista del Centro Cultural Cubapoesía.

Ha recibido los siguientes galardones: Premio Internacional, “La Pluma de Oro de 14k” (Perú, 2020); Premio Anca María David y Premio Archivo Literario (Rumanía, 2021); y Primer Premio del VII Certamen de Poesía “Mesa de Ocaña” (Toledo, España, 2021). 

De prisa, temiendo ella y yo perder el contacto entre estas dos orillas del mundo, la someto a este fuego graneado de preguntas, inicio de un diálogo que habrá que continuar —ojalá en mejores condiciones— con dos tazas de café de por medio.

¿Cómo y cuándo ocurrió tu primer contacto con la poesía?

Fue un hallazgo casi doméstico, como suele pasar en la infancia. En casa siempre hubo libros, pero mi primer contacto real con el ritmo de la palabra no vino de la lectura silenciosa, sino de la oralidad; de escuchar la cadencia de la voz de mi madre o tropezar con fragmentos que se quedaban resonando en la cabeza sin que yo entendiera del todo por qué. 

La poesía llegó antes de que supiera qué era la literatura; llegó como un misterio que se sentía en el cuerpo, una urgencia de nombrar el mundo de otra manera cuando la realidad cotidiana se quedaba corta.

¿Cuáles fueron los primeros poetas que leíste?

Mis primeras lecturas formales estuvieron entre los clásicos y la tradición hispánica. Llegué temprano a Federico García Lorca —su calidez dramática y musicalidad me fascinaron—; y, por supuesto, a la inmensidad de José Martí, que en Cuba es un aire que respiramos todos desde niños. Poco después me encontré con la poesía de Juana de Ibarbourou y de Alfonsina Storni, voces que me sacudieron profundamente y me mostraron que la vulnerabilidad y la fuerza podían habitar el mismo verso.  

¿Quién fue el primer poeta relevante que conociste personalmente? ¿Cómo se dio ese encuentro? 

Ese primer encuentro decisivo fue con un poeta que admiraba desde la distancia de la página y cuya presencia física imponía el mismo respeto que su obra. Se dio en una librería; era la presentación del libro La aguja irracional, de Marilyn Bobes. Su nombre: Roberto Manzano. 

¿Dejó alguna huella en ti?

Más que un consejo técnico, lo que dejó en mí fue la certeza de que la poesía no es un oficio de horas libres, sino una actitud ante la vida, una ética del cuidado con el lenguaje. Me enseñó a escuchar el silencio antes de atreverme a escribir, y por él llegué a mi primera publicación, una antología de voces jóvenes, a las que les había tocado vivir una de las épocas más difíciles, que fue el Período Especial, bajo circunstancias tal vez diferentes a las actuales, pero con un impacto devastador para la sociedad. El libro fue El árbol en la cumbre. Nuevos poetas cubanos en la puerta del milenio”, de Roberto Manzano y Teresa Fornari, publicado por Letras Cubanas en el año 2016.  

¿Tienes una definición personal de “poesía” o adoptas alguna de otro autor que compartas plenamente?

No me acomoda encajonarla en una definición estricta. Prefiero verla como una hendidura en lo cotidiano; es lo que queda al descubierto cuando le quitamos el ruido al mundo. Si tuviera que arrimarme a una idea ajena, diría, como se ha sugerido tantas veces desde la mística y la gran tradición lírica, que la poesía es una forma de conocimiento, una manera de rozar aquello que la lógica o la ciencia no alcanzan a explicar. Es la traducción del asombro y del dolor.

¿En qué circunstancias te estrenaste en el mundo editorial? ¿Ver tus versos impresos por primera vez te causó algún sentimiento particular?

Mi estreno editorial ocurrió en medio de las tensiones y los esfuerzos compartidos que caracterizan al mundo del libro en nuestro contexto. Fue un proceso de maduración, de soltar textos que hasta entonces solo me........

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