No asistí al entierro de mi madre
Creo que ningún hijo, por bastardo que sea, olvida el día que su madre murió. Ese dolor se guarda en lo más hondo del corazón; saber que ese ser que nos dio la vida se fue para siempre, duele y sacude el alma.
Sé que la gente me juzgó y me trató mal; aunque lo disimularon, me insultaban mentalmente. La familia y todo el barrio se enteraron de que no asistí al entierro de mi madre. Lo sé. Los murmullos y el secreteo al verme pasar me lo hicieron saber.
—¿Sabías que Ricardo no fue al entierro de su mamá? Eso es inaudito —dijo Lucelly a su vecina, con quien hablaba de un balcón al otro—. Imposible no acompañar a la mamá hasta su tumba.
—¿Qué clase de hijo es ese? —respondió la vecina—. Es increíble que alguien abandone y desprecie a su madre en un momento como ese. Es el último adiós, la última vez que la ve; jamás volverá a estar con ella.
—¡Pobre mujer! —replicó Lucelly—. Y tanto que se esmeró por criarlo y darle la mejor educación. Ah, pero así pagan los malos hijos. Una madre soltera que se esmeró por darle siempre lo mejor.
Sentado en su cama, sin dejar de mirarse los pies, Ricardo llevaba un buen rato agachado pensando y pensando en su madre; sin poder sacarla de........
