La clase de Don José Luis
La clase de Don José Luis
"No tengo ni para el peculio de la cárcel". Pobre. "Mi hijo está trabajando de camarero". Le pediré un descafeinado. De sobre.
Don José Luis, ya bautizado como el extodopoderoso, podría haber llegado a la Sala del Tribunal Supremo con chaqueta de coderas y un par de paquetes de tiza. Podría haber escrito su nombre en la pizarra y haberse bautizado maestro de Oratoria. "Soy su docente, Don José Luis o profesor Ábalos, como prefieran. Voy a enseñarles cómo no decir nunca nada mientras se habla todo el rato", podría haber comenzado su exposición encandilando a sus alumnos. Porque Don José Luis no ha venido a otra cosa al Alto Tribunal que no sea a hacer política. A sembrar dudas donde solo había certezas, a hacer piruetas con la palabra para parecer la víctima de todo, de las mil y una casualidades organizadas vilmente por la UCO para tumbarlo. Para intentar ser, en definitiva, a ojos del tribunal, la víctima de una cacería política.
Es complicado que Koldo no le mire con cierta admiración. Que se fije en esa forma de mantener el relato mientras el castillo de naipes se desmorona. Tranquilo. Esbozando una sonrisa y suspirando cuando le preguntan por algo a lo que le quiere quitar credibilidad. Al extodopoderoso no se le pilla en ningún renuncio. Tiene su relato inconsistente atado y bien atado con........
