La vida con lista de espera
La vida con lista de espera
Nos ha costado siglos conquistar el ocio para terminar convirtiéndolo en otra jornada laboral.
Hay restaurantes a los que uno va a comer y restaurantes a los que uno va a demostrar que ha conseguido mesa. Madrid, últimamente, está lleno de los segundos. Los 33 pertenece, por suerte, a una categoría algo más difícil de explicar. El otro día estaba allí y pensé que septiembre debería durar seis meses. Madrid empezaba a cambiar de piel, ese momento exacto en el que todavía puedes salir sin abrigo pero ya agradeces una chaqueta por la noche.
Las terrazas siguen llenas, aunque empieza a oscurecer antes. El verano se resiste y el otoño espera detrás de la puerta con esa educación antigua de quien sabe que, tarde o temprano, le van a dejar pasar.
Y Los 33 estaba lleno. Carne, fuego, copas, gente guapa, gente que probablemente sabe que es guapa, algún hombre con demasiada seguridad para la cantidad de pelo que conserva, mujeres impecables y camareros que todavía entienden que servir bien consiste precisamente en que apenas notes que........
