La Ciutat de les Arts, entre la desidia y el estruendo
Una recreación de la Fontana di Trevi y un concierto en la Ciutat de les Arts / Levante-EMV
Comparto con María José Catalá y Josep Vicent Boira la pasión romana por la ciudad eterna. Con Boira, además, me unen ciertas reminiscencias austrohúngaras, ese concepto berlanguiano que nunca entenderán los pregoneros de la alcaldesa.
Vayamos a Roma. Elijamos uno de sus espacios más visitados, la popular Fontana di Trevi. Resulta que esa obra de ingeniería hidráulica de la Roma antigua, revestida del mejor barroco, no acoge ni conciertos, ni ningún espectáculo. Y eso que se trata de una céntrica plaza-escenario donde casi cualquier evento luciría. Es, ante todo, un monumento protegido. Además, desde febrero, el acceso está regulado para no residentes y con control de aforo, precisamente para preservarla del exceso de visitantes.
Volvamos ahora a la Ciutat de les Arts i les Ciències (Cacsa), el espacio de València más fotografiado por quienes la visitan. Aquí, la hemos convertido en una especie de contenedor futurista donde se ha celebrado prácticamente de todo, salvo una partida de llargues, si no me desmiente el catedrático de Pilota Alberto Soldado. Sin embargo, una reciente sentencia sobre contaminación acústica deja muy claro que esos usos, convertidos con el tiempo en habituales, no están permitidos.
La sentencia supone un auténtico varapalo para Catalá, que no ha hecho sino seguir la inercia heredada de Joan Ribó y Rita Barberá. El fallo sostiene que los “escasísimos” controles municipales de medición del ruido han sido “deficientes e ineficaces” y que, por tanto, han encubierto durante años la excesiva contaminación acústica en el magnífico complejo de Santiago Calatrava. Y advierte, además, que corresponde al Ayuntamiento inspeccionar todas las actividades que se celebren en Cacsa para verificar que se ajustan a las licencias otorgadas, dejando a la Generalitat al margen de esa responsabilidad.
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Hay expresiones muy romanas que resumen bien esta situación: “chiamarsi fuori” o “fare Ponzio Pilato”. Ambas muy presentes en la conversación cotidiana cuando alguien trata de despejar a córner. Pero lo que de verdad tiene mérito es criticar la gestión municipal en este asunto, o por la permanente suciedad, también la movilidad imposible o la permisividad con las carpas falleras sin citar ni una sola vez el nombre de la alcaldesa.
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