menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

A Morrisey no le apetecía, y au

29 0
14.03.2026

Morrisey canceló su concierto en Les Arts porque, la noche anterior, no pudo dormir / Levante-EMV

El catálogo de excusas para cancelar compromisos tiene una nueva joya: suspender un concierto por no poder dormir a causa del ruido. Sí, tal cual. Así lo contó ayer Voro Contreras en estas páginas. No por lluvia, no por enfermedad, no por problemas técnicos. Por ruido. Exactamente por sufrir «un infierno indescriptible» . Una molestia que dejó a Morrisey -ahí lo dejo- en un estado «catatónico» del que tardará «un año» en recuperarse y eso, avisa, «es quedarse corto». Ese fue el argumento esgrimido para cancelar su actuación en Les Arts y plantar a más de 1.600 fans.

La excusa para suspender es tan pintoresca que casi merece entrar en la 'exposición universal' de las cancelaciones excéntricas, ese lugar imaginario donde se archivan las razones más creativas que hemos inventado para no cumplir un compromiso. Todos conocemos algunas. El amigo que suspende la cena porque ‘mañana madruga’, el compañero que pide salir antes porque tiene que 'llevar a las niñas a un cumpleaños', el colega que se cae del plan a última hora porque ‘se le ha complicado el día’, el que no quiere ir a un acto 'porque ya habrá mucha gente' o el anfitrión que cancela una comida porque ‘tiene gripe’. Excusas educadas para decir lo que nadie quiere decir: hoy no me apetece.

El caso de Morrissey tiene, sin embargo, un punto de surrealismo adicional. Cancelar un concierto en València por el ruido de las Fallas es un poco como suspender un partido de tenis en Wimbledon porque hay demasiadas pelotas o cerrar una piscina porque el agua moja.

Todos, de aquí y de allá, sabemos lo que ocurre cada marzo. Las fallas, desde 2016, son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y lo que aquí se vive no es precisamente algo inesperado.

Esto, no obstante, saca a la luz una obviedad incómoda: durante las Fallas, València funciona en un régimen especial donde, porque sí, hay que convivir con el ruido, las calles cortadas y las verbenas. Carpas que ocupan calzadas enteras, tráfico imposible, música hasta altas horas y un sinfín de petardos que convierten el dormir en una misión casi imposible.

Los valencianos asumimos lo caótico y fingimos que es normal con una mezcla de orgullo y resignación pensando que forma parte de nuestro adn, pero no.

Quizá por eso, la excusa de Morrissey, más que indignar, nos ha provocado desconcierto y risa. No tanto por la cancelación en sí -porque es algo habitual en él-, sino porque suena exactamente a lo que es: una de esas justificaciones extravagantes que todos hemos usado alguna vez para descolgarnos de un plan.

Suscríbete para seguir leyendo


© Levante