En defensa de la blasfemia
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El reciente atentado contra la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo como represalia por bromear sobre la victoria de los islamistas en Túnez es un nuevo episodio en la larga lucha entre la religión y la libertad de expresión. En los últimos años hemos vivido la fetua de Salman Rushdie, el asesinato de Theo Van Gogh, la controversia de las caricaturas danesas, la retirada de la novela La joya de Medina, o la presión para que la ONU aprobase una ley contra la blasfemia. El islam ha sido el protagonista violento de estos acontecimientos lamentables. Pero este año se celebran los quinientos años del nacimiento Miguel Servet, un mártir de la libertad religiosa que fue ejecutado por Calvino en Ginebra y que nos recuerda que, aunque quizá no en todas partes cuecen habas, a lo largo de la historia en muchos lugares han asado herejes.
A veces, como con Rushdie, una teocracia ha condenado a muerte a un ciudadano de un país democrático. En otros casos –como el de las caricaturas danesas, donde algunos musulmanes se sintieron molestos porque los dibujos vinculaban el islam y la violencia, y para manifestar su indignación provocaron unas protestas que causaron más........
