La delación premiada: un control social corrosivo
Los casos de Ábalos y Zapatero, Aldama y Martínez han llamado la atención sobre un asunto de gran interés criminológico, y, por extensión, también social: el uso de la delación premiada, el chivatazo recompensado, como mecanismo a emplear en la justicia penal. En la sentencia en que se condena a Ábalos, quien sin duda a la luz de lo conocido merecía un reproche penal (harina de otro costal sería reflexionar sobre la cuantía de su condena —24 años— cuando el promedio de severidad en España, en casos de dar muerte a otros, oscila entre 15 y 18 años, según el tipo penal aplicable), se razona sobre la virtuosidad del comportamiento colaborador del señor Aldama, al que se premia con la impagable libertad, complementado con el sí pagado, y mucho, disfrute de cuatro millones de euros, fruto de las falcatruadas que se le perdonan.
Obviamente están implicadas aquí cuestiones opinables. Otras, no lo son. Porque existe conocimiento científico, sólido, riguroso, verificado, que reduce drásticamente el rango de lo opinable a caño libre. Veamos.
La criminología distingue entre mecanismos de control........
