Una historia contada a través de los portales aéreos
Por Mariano Palazzo. Agosto, 2026
Venezuela sufrió el veinticuatro de junio up un evento devastador. Muy pocos minutos después de las dieciocho horas, un doble seísmo con dos epicentros distintos estremeció toda la costa central del país con efectos catastróficos en cientos de edificios, casas y demás estructuras físicas, transformando en menos de un minuto un lugar idílico en un desolador territorio.
El aeropuerto más importante del país no fue la excepción y la terminal internacional Simón Bolívar en Maiquetía colapsó, impidiendo el uso comercial del mismo ya que hasta la principal pista de aterrizaje y despegue se agrietó, haciendo totalmente insegura la llegada y salida de los aviones de transporte de pasajeros civiles; incluso dificultó el arribo de las cientos de aeronaves que, de todas partes del mundo con ayuda humanitaria y personal especializado llegaban, por lo que fue necesario desviarlos a aeródromos alternativos. Solo unos cuantos aparatos militares y de carga pudieron tocar tierra en lo que, durante las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado, fue la puerta de entrada a Sudamérica, conectando con más de sesenta y siete destinos internacionales e incluso uno de los pocos lugares que recibía los aviones supersónicos Concorde que eran operados por Air France y/o British Airways.
El Aeropuerto Internacional de Maiquetía fue inaugurado el primero de enero de 1945 por el entonces presidente Isaías Medina Angarita; Una obra que había sido concebida en los terrenos que, en 1928, el mítico aviador Charles Lindbergh había sugerido durante su visita al país. La empresa Pan Am fue la autorizada para financiar y dirigir su construcción a partir del veintidós de agosto de 1942, en el marco de los diversos proyectos aeroportuarios que venía desarrollando bajo las directrices del gobierno de Estados Unidos, también en Brasil, Colombia, Cuba, Haití, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.
Fue en ese aeropuerto, bautizado en honor a Simón Bolívar, el Libertador de América, donde, un cinco de julio, cuando se celebra en Venezuela la firma del Acta de Declaración de Independencia en 1811, junto a mi madre, abuela y mis otros tres hermanos, llegamos en 1975 provenientes de Argentina, la tierra natal de San Martín, luego de haber hecho escala en el aeropuerto Internacional Antonio Carlos Jobim de Rio de Janeiro, construido en 1952 y que, durante la década de los setenta, era el centro de conexión aérea más importante de Brasil.
Mis únicos recuerdos de ese viaje son unos enormes payasos pintados mientras esperábamos la conexión para Caracas que me llenaron de espanto, tenía yo escasos seis años; el otro momento impreso en mi memoria fue cuando, apenas llegamos a Venezuela y salimos del avión para descender por la escalera, vimos a lo lejos en la terraza abierta del aeropuerto a mi padre que ya nos esperaba saludándonos efusivamente con sus manos.
En todo caso, regresando a nuestro presente, ante la contingencia sísmica, una significativa cantidad de aviones militares y de carga que venían con personal y ayuda humanitaria fueron desviados a la Base Aérea El Libertador (BAEL), ubicada en la localidad de Palo Negro, muy cerca de Maracay, la capital del estado Aragua, donde reside quien suscribe este artículo. Este aeródromo, inaugurado el nueve de diciembre de 1955 por el presidente Marcos Pérez Jiménez, me trae particulares recuerdos porque durante casi dos años entrené allí natación bajo las directrices del entrenador brasileño Olavo Dos Santos; fue durante ese tiempo que rompí el récord del estado en cien metros pecho en la ciudad de Cumaná; Nuestro equipo logró participar en dicho campeonato, gracias al apoyo prestado por la Fuerza Aérea Venezolana que facilitó un Hércules C-130 despegando precisamente de esa pista.
A esta base aérea regresé el veintisiete de junio up, invitado por la Federación de Asociaciones Ítalo Venezolanas (FAIV) que estaba asistiendo al cuerpo consular para coordinar el arribo de la ayuda que de Italia llegaba. Allí estuvimos con parte del contingente de bomberos italianos quienes además habían solicitado la posibilidad de recibir una bendición para la misión que estaban prestos a emprender, por eso no dudé en llamar al padre Leonardo Lutenko, hermano templario, quien reside en la base aérea Mariscal Sucre en Boca de río.
Maracay es la cuna de la aviación venezolana, desde que el diecisiete de abril de 1920, el entonces presidente provisional Victoriano Márquez Bustillos, crea la Escuela de Aviación Militar en los mismos espacios que a partir del diez de diciembre de 1963, por decisión del presidente Rómulo Betancourt, se transforman en el Museo Aeronáutico y a partir del veintiún de noviembre de 1997 fue incluido en el listado de Sitios de Interés Artístico, Histórico y Arquitectónico y/o Arqueológico del patrimonio cultural del estado Aragua.
Luego de la bendición y mientras aún nos encontrábamos en el hangar de la línea aérea venezolana Conviasa, tuvimos la oportunidad de saludar a la delegación de España, a través de la cónsul adjunta del país ibérico en Venezuela, Aurora Rocío Carbonell de Barnola, quien estaba presente coordinando la salida de un vuelo humanitario con destino a Madrid, pero sobre todo pudimos conversar con el grupo del Reino Unido, donde incluso conocimos al embajador Colin Dick, por intermediación de Beatriz Sierra, una de las intérpretes guías, sobrina del amigo Claudio, hijo de quien fuera profesor universitario y reconocido médico veterinario de nuestra ciudad: Raúl Silvestri, oriundo de Emilia Romaña, quien dedicaba gran parte de su tiempo libre a su otra pasión de escultor. La Ciudad Jardín se engalana con dos obras suyas: la de la madre embarazada colocada frente a la sede del Rotary Club Maracay adyacente al Hospital Central, la otra es la magnífica representación de Cristóbal Colón en una sugestiva pose de agradecimiento y humildad por haber llegado a esta tierra de gracia y que, por muchos años, engalanó la plaza frente a nuestra segunda casa pero desde octubre up, decora los jardines internos ubicados frente a la bolichera.
Regresando a La Guaira, el ahora principal aeropuerto del país en reconstrucción, pasó de tener un uso estratégico-militar de los primeros años cuarenta del siglo pasado, a convertirse en un aeródromo de uso exclusivamente civil-comercial, y es que, hoy día, las terminales aéreas en el mundo han evolucionado hasta convertirse en uno de los símbolos más potentes de la postmodernidad, o mejor dicho, de la surmodernité, tal como lo definió el etnólogo francés Marc Augé siendo una de las características principales de esta sobremodernidad, el fenómeno de la globalización que se hace cada vez más presente en nuestras vidas, al punto que, para el 2025, los números que reporta la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, son una verdadera locura: más de cinco billones de pasajeros abordaron más de cuarenta millones de vuelos, para moverse de un lado para otro por el globo terráqueo, a lo largo y por entero de los trescientos sesenta y cinco días del año, con picos de más de veintidós mil aparatos al mismo tiempo en el aire.
Por eso mismo, el terremoto en Venezuela evidenció lo neurálgico que son hoy estos espacios, ya que una de las primeras cosas que tuvo que resolver el Gobierno Central fue el problema de restablecer las conexiones aéreas; En este sentido, y casi inmediatamente, comenzaron a habilitar aeródromos alternativos: además de los dos de Maracay y el de Barcelona activaron para la contingencia también, y sobre todo, el aeropuerto internacional Arturo Michelena, en honor al pintor valenciano, considerado como el artista venezolano más importante del siglo XIX y autor de la famosa obra: Miranda en la Carraca. A este aeropuerto, inaugurado el 29 de septiembre de 1986 bajo el mandato del presidente Jaime Lusinchi, llegué el once de julio up invitado, una vez más, por FAIV, para acompañar al vicecónsul de Italia en Aragua, la doctora Ana María Michelangelo, para despedir a las delegaciones de médicos ítalo-venezolanos voluntarios de la organización La Piccola Venezia, así como al remanente de I Vigili del Fuoco italianos que aún quedaban en el país.
Fue toda una experiencia el tiempo transcurrido desde tempranas horas en dicha terminal aérea, disfrutando incluso de los encuentros de la Copa Mundial de Fútbol en nuestra cómoda unidad con la que nos habíamos desplazado desde Maracay, ya que contaba con televisor y sistema inalámbrico para conectarnos con los partidos: Inglaterra-Noruega y/o Argentina-Suiza. Finalmente, cerca de las diez de la noche nos despedimos de la capital carabobeña y del último de los galenos que tomaba el avión de Air Europa para Madrid, luego que el resto ya había abordado previamente un avión de Plus Ultra para Tenerife y otros más un avión de Copa Airlines para Panamá, desde donde, cada uno de ellos, haría la conexión final para sus respectivas ciudades de residencia. Es de hacer notar que, simultáneamente, otro contingente de la delegación de ayuda humanitaria italiana había ya despegado para su regreso por el aeropuerto de la capital anzoatiguense donde el vicecónsul de Italia local y presidente del Centro ítalo venezolano de Oriente, la doctora Sina Arena, los asistió desde su llegada desde La Guaira hasta su salida para Europa.
Emotivo por demás, el momento del aplauso final que espontáneamente, los cientos de usuarios anónimos que abarrotaban y desbordaban la terminal aérea valenciana les tributaron a los socorristas italianos y de otras nacionalidades, mientras entraban a la sala de emigración para el abordaje al respectivo avión.
Otro momento muy significativo fue el que vivimos saliendo de la sala de embarque cuando, justo en la entrada principal y ya dispuestos a abordar el autobús para a nuestra Maracay regresar, nos encontramos de frente con el embajador de Portugal, Manuel Frederico Pinheiro da Silva que estaba acompañado por una delegación oficial encabezada por el mismo secretario de estado de las comunidades portuguesas Emidio Sousa, luego de haberse reunido ellos con el gobernador Rafael Lacava, de origen italiano, ultimando los detalles para el inicio de las operaciones en esta terminal de los aviones de Tap Portugal que comenzarían a llegar apenas dos días después.
Fue aquí donde comenzó a hacerse más claro, para mí, una definición que alguna vez leí sobre el significado de lo que es un aeropuerto: Desde una perspectiva filosófica, no es simplemente un punto de infraestructura, sino un espacio cargado de significado ontológico, antropológico y existencial.
Es que en estos........
