¡Los más grandes nadadores de la Amazonía!
Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.
Todo fluye, todo cambia. El mismo Heráclito lo decía: No nos bañamos dos veces en el mismo río, ni somos nosotros los mismos cuando lo hacemos. Y la Amazonía es la prueba viviente de esta realidad, porque allí todo se mueve.
Se mueven, para empezar, los ríos amazónicos, en ese eterno fluir de los majestuosos Andes hasta la desembocadura en el Océano Atlántico, en ese gigantesco estuario, cuando ya son uno solo y penetran durante kilómetros las aguas saladas que tratan de contenerlo. Pero también se mueven, y cambian en su curso, acortándolo y alargándolo, creando atajos, nuevos cauces, madreviejas y cochas que son ricos lugares para los peces… y para los pescadores, y dejando tras ellos una huella en el paisaje.
Se mueven, además, esos otros ríos que hemos dado en llamar voladores, llevando la humedad transpirada por la selva hacia las montañas de nuestros países, y bendiciendo la tierra a gotas o a chaparrones, permitiendo la actividad humana en otras zonas del continente; y se mueven (sí, quien lo creyera) también por el aire las arenas del Sahara, desde allende el mar, para alcanzar la selva y fertilizarla.
Se mueve la gente que habita la selva amazónica, los nukak y tantos otros pueblos que tradicionalmente han caminado la selva, y lo han hecho, inicialmente, al ritmo de los ciclos de la naturaleza, para cazar, pescar, recolectar, cultivar, en nichos ecológicos cambiantes y que también parecen moverse, pero lo hacen ahora al ritmo del desplazamiento generado por estos otros que buscan despojarlos de sus territorios para aprovecharlos en actividades que cambien por completo la apariencia de la región. Y también se mueven los colonos, los nuevos habitantes de la Amazonía, porque llegan marejadas de personas de otras regiones para “conquistar” o “domar” la selva (terminando, en muchos casos, domados ellos a la manera de........
